CONCURSO DE RELATOS XXXI Ed. EL HALCÓN MALTÉS de DASHIELL HAMMETT (Fuera de concurso)


CONCURSO DE RELATOS XXXI Ed. EL HALCÓN MALTÉS de DASHIELL HAMMETT (Fuera de concurso)

SOS Investigadores AsociadoS

Yo soy Satur investigador privado. Me dedico a esto desde que fui obligado, ya hace diez años, a dimitir como inspector de policía por el bien del cuerpo. Orlando era abogado, me contrató su propio bufete para espiarlo y gracias a mis pruebas gráficas, de sus «vicios», la adjudicatura le retiro la licencia por comportamiento indebido; ahora es mi socio. Saskia vino del Este, fue la secretaria y después esposa de un oportunista empresario que al poco se fugó con su nueva asistente dejando un rastro de estafas y deudas; únicamente este viejo piso —que es nuestra oficina y casa — se salvó de los acreedores, así que ella es nuestra patrona, asociada, administrativa y cocinera.

El búho de los ojos brillantes

Gracias a la labia de picapleitos de Orlan, y a sus antiguos clientes o contactos de los bajos fondos, no nos faltaba trabajo en la agencia. Muchos trabajos sencillos que la competencia, con sus aires de falsa dignidad, hubiera rechazado. Así nos llegó el rumor de que en diversas subastas se ofertaban unos búhos, tipo sujeta libros o pisapapeles de escaso valor artístico, procedentes de un palacio ducal italiano embargado después de la segunda gran guerra.

El misterio era que nunca aparecieron Los Diamantes Gemelos — dos grandes piedras talladas iguales, tesoro de la ancestral familia— y se especulaba que, en la subasta inicial, salieran camufladas en los ojos de uno de los susodichos búhos. Así, estas vulgares piezas que no valdrían más de cien pavos, ahora se cotizaban diez y hasta cien veces más. Los compradores para no devaluar su posesión, al comprobar los ojos de las estatuillas, no declaraban que eran solo trozos de cristal y de este modo la bola seguía creciendo al aparecer un nuevo búho.

De las doce figuras ya había diez contabilizadas y otra estaba a punto de subastarse. Así que, cuando aquella elegante mujer entro en nuestra oficina y nos indicó que sabía donde estaba la que faltaba, nos dejó tan intrigados como recelosos. Se presentó como perito tasador de la casa de subastas, sabedora de la leyenda de los búhos examinó el de la tienda, y comprobó que no era el de los ojos diamantinos.

Ante nuestra cara de asombro, y sin esperar que respondiéramos, nos enseñó la copia de la tasación de una mansión con problemas de solvencia, que ella había hecho hace un par de meses. Entre el detallado listado aparecía un búho de factura poco valiosa, pero antiguo valorado en cien euros.

El plan era hacerse con la estatuilla de la subasta al precio que fuera. Después ir con alguna excusa a revisar el inventario de la mansión —donde solo vivía un viejo bastante cascarrabias y una sobrina que trabajaba todo el día fuera— y dar el cambiazo en la biblioteca.

Mi socio, muy avezado en esos chanchullos, dio el visto bueno al asunto. Saskia y yo nos miramos, como buscando una respuesta en el otro, que no encontramos. Así que, con uno a favor y dos abstenciones, aceptamos el caso. Nuestra peritada clienta, muy complacida, nos observó relamiéndose igual un gato en una pajarería.

La primera parte del plan, la subasta, nos salió un poco más caro de lo previsto y tuvimos que llegar casi a los diez mil euros por el burdo búho de ojos de cristal. Orlan ya había concertado la visita con el viejo que no estaba tan solo, le acompañaban dos impresionantes mastines. Mi socio tenía lengua para engañar al mismo diablo y recomprarle el alma, pero como hombre de acción era más bien suplente de banquillo a pesar de su atlético aspecto. Así que, cuando regresó a la oficina todo congestionado y sudoroso, intuimos que algo no había ido bien.

No tuvimos tiempo de preguntarle, dos advenedizos —seguramente de la última hornada de policías— abrieron paso a mi amigo, el comisario, en persona. Este solo preguntó por la estatuilla y nuestra cara de póquer no le engaño —uno de los vicios de mi socio eran las cartas, pero sobre todo por lo mal que jugaba—. Yo igual hubiera podido con uno de la guardia pretoriana de mi exjefe, pero nos dieron hostias a gusto, incluso Saskia se llevó varios bofetones de un deshonesto jefe de policía fuera de sí.

Finalmente, sin darse cuenta, Orlan miró hacía su maletín y los rabiosos sabuesos no necesitaron más pistas. Al marcharse con el trofeo mi antiguo superior se puso el dedo índice en los labios indicándonos muy a las claras que de esto ni palabra; después, con la otra mano, haciendo un barrido por su cuello ya nos mostraba cuál serian las consecuencias.

Nos hicimos las curas en equipo con el botiquín, pero también tuvimos que echar mano de la botella del ron más añejo —el de las ocasiones especiales— para poder pasar ese mal trago. Nos habían dado a base de bien, pero no teníamos nada roto y los moretones eran únicamente cosa de tiempo. Así que lo mejor sería tomarnos unas merecidas vacaciones en algún sitio tranquilo y pasar del todo desapercibidos curando nuestras heridas.

Su fría mirada nos dice que sus ojos son solo de barato cristal.

El búho de los ojos brillantes II

Habían pasado casi ocho semanas desde que recibimos la paliza los tres pringados de la agencia SOS. Con los numerosos casos que habíamos concluido —la mayoría para los clientes de dudosa reputación proporcionados por nuestro socio— los fondos reservados (dinero negro) estaban a rebosar y nos fuimos; de vacaciones, a unas conocidas islas, a blanquearlo.

Saskia y yo, como seniors del equipo, disfrutábamos con placidez de los días que nos restaban antes de que saliera el juicio. Orlan seguía a su ritmo, como si no hubiera un mañana, todavía estaba en edad de ello. Ya tendrá que sentar la cabeza cuando le prescriba la suspensión y tenga que volver a ejercer; que disfrute de sus casi tres años de libertad judicial restantes.

Durante esas casi siete semanas en la isla, ya nos habíamos fundido la mitad de los fondos reservados (dinero negro de los casos), pero muy a gusto. También rememoramos varias veces la película de todo el caso, en especial lo que Orlando —después de las curas por la paliza— nos contó acerca de lo sucedido en la mansión con el viejo loco. En aquella ocasión, se nos volvieron a abrir las heridas de las carcajadas, y en las restantes brindando con una maliciosa sonrisilla.

«El bueno de nuestro socio cuando se quedó a solas en la biblioteca, pero custodiado por uno de los mastines no se atrevió a sustituir el búho. En cuanto con disimulo se acercó, con esa intención a la estantería, un seco y profundo gruñido del perro guardián le quito toda gana de tocar nada. Así, el comisario y sus dos matones con placa recién incorporados, se llevaron la estatuilla sin ningún valor añadido de la subasta».

Antes que volvieran a darnos más estopa al descubrir el engaño, cerramos la oficina y nos vinimos a esta paradisiaca isla donde la mitad de sus visitantes son mafiosos y maleantes, así que aquí estaríamos más seguros que en cualquier otro sitio. Orlando ató cabos, poniéndose en contacto con la sobrina del viejo, y contándola el posible valor real de la estatuilla del salón. Efectivamente, resultó ser la buena y concretó, de buen grado, en darnos un diez por ciento de comisión.

Para cuando salió la noticia del hallazgo de los dos diamantes en el periódico, el comisario y sus dos matones del cuerpo ya estaban suspendidos de empleo y sueldo. No se les pasó por la cabeza que nuestra oficina tuviera cámaras y micrófonos grabando toda la escena desde diferentes planos.

En cuanto a la clienta —que yo con mi discreción habitual estuve siguiendo para comprobar la veracidad de su información —, cometió el error de contactar con su cómplice y amante en una cafetería. Cuando vi la cara de canalla de mi exjefe, confirme que este caso no era para nada trigo limpio. La policía, —la de verdad— no es tonta y, ni la peluca o las gafas de sol, la salvaron de ser aprendida en la terminal de vuelos internacionales.

El juicio solo fue la mecha que prendió el barril de la corrupción en la comisaria, llegando hasta antes de cuando yo tuve que dimitir para no acabar en el talego. Así, mi expediente quedó limpio y con derecho a una pensión. Todos los implicados tuvieron que dejar el cuerpo y por los sobornos recibidos; algunos sí pisarían la cárcel de tres a seis años. El ahora excomisario no se fue de rositas y, como jefe de la corruptela, dobló la condena. Su novia fue la que, viéndose en tras los barrotes, aportó más información a cambio de inmunidad.

Saskia y yo nos habíamos acostumbrado a la buena vida de la isla y con los trescientos mil euros netos del búho que nos tocaba a cada uno decidimos trasladar la agencia SOS a este acogedor archipiélago. Con el personal que por aquí deambulan —delincuentes o solo millonarios, pero todos bien forrados— no nos faltaran casos que resolver.

Orlando participó únicamente como socio capitalista, había intimado mucho con la sobrina del viejo —que encima era abogada del Estado— y ya tenían planes para cuando a él pudiera recuperar su licencia; parece que nuestro socio ha empezado a sentar la cabeza. Los naipes y las timbas quedaron atrás y en cuanto a las sustancias poco recomendables, ya se encargan los dos mastines de pasarle revista ahora que es miembro de la familia.

Su mirada lo dice todo y, debajo del esmalte de sus ojos, la luz en diamantes se reflejará.


22 comentarios sobre “CONCURSO DE RELATOS XXXI Ed. EL HALCÓN MALTÉS de DASHIELL HAMMETT (Fuera de concurso)

  1. Que buen y original relato.
    Con tres personajes aparentemente ineptos. O más bien, dos. Saskia me cayó bien desde el primer momento, con tan bello nombre. Y una cierta desilusión.

    Que curioso que la ineptitud de Orlan para la acción, resultó ser un factor favorable para la agencia. Además, de la previsión de tener cámaras y micrófonos. Seguro que no ayudó a la imagen del comisario, las cachetadas dadas a Saskia.
    Y el personaje narrador, resultó ser más hábil de lo que parecía en los principios de la historia. Y fue reivindicado.

    Creo que el inspector retirado y Saskia son buenos personajes, para que haya más historias detectivescas de la agencia SOS.

    Saludos.

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    1. Hola, Demiurgo. Me alegro de que te haya gustado esta historia donde unos perdedores dan la vuelta a la tortilla consiguiendo salir adelante después de apaleados.
      Casi me has leído el pensamiento, tenía pensado un encuentro entre Saskia y su ex precisamente en esa isla, pero tengo muy verde la trama y no lo descarto para más adelante.
      Gracias por pasar y comentar. Un saludo

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    1. Hola, Ángel. Que te rememore algo relacionado con el género es algo positivo, yo soy muy peliculero y me pasa cuando os leo aunque no pueda concretar serie o filme.
      Aquí más que comedia, que también tienen sentido del humor, son repudiados por un motivo u otro de la sociedad sin ser precisamente delincuentes y que sus siglas sean SOS o SOSIAS es intencionado. La reivindicación es que se puede salir adelante o sentar la cabeza.
      Saludos e igualmente.

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  2. Hola, JM. Como dice el viejo dicho «Buen está lo que bien acaba». La agencia SOS es un nido de perdedores de lo más encantadores, y se merecen una buenas vacaciones bajo el sol después de destapar tanta corrupción y, de paso, encontrar los diamantes. Menos mal que la paliza no fue de las peores.
    Un buen trabajo, como siempre. Felicidades.

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    1. Hola, Bruno. Me alegro de que te haya gustado este dos por uno, no quise hacer una segunda entradas para la conclusión. Se puede ganar la partida sin ser un triunfador basta con un poco de fortuna y algo de pillería. Saludos y gracias.

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  3. Una historia realmente truculenta en la que los malos y los menos malos preteden llevarse el gato al agua. Unos quedan escaldados y otros se van de rositas, como suele ocurrir en la realidad.
    Muy buen relato.
    Un abrazo.

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  4. ¡Hola, JM! Una historia que es puro Noir. Además de una especie de reinvención de la trama de El Halcón Maltés. Me encantó como has trabajado la trama a base de giros en torno a unos personajes que, como debe ser en el género, no se andan con sensiblerías ni con nada que no sea sobrevivir o conseguir su objetivo. Detectives, polis corruptos, femme fatale… y hasta un búho que mira que es feo el pobre, ja, ja, ja… Fantástico aporte para este homenaje al género negro. Un abrazo!

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    1. Hola, David. Cierto, me acordé de mi búho y no iba a ser menos que su pariente tan galardonado, aunque este fuera solo valorado en cien euros.
      Sí, el género precisa de personajes fijos aunque luego muestren sus propios registros o improvisen llegado el momento. Lo de estos perdedores a flote que pillan al final me parece reivindicativo. Me alegro de que te haya gustado este episodio doble, lo de hacer una entrada por parte me resulta cansino y ya escarmenté con lo del fiambre del ascensor. Saludos.

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  5. Hola JM. Pues si que ha dado vueltas esta historia tan enrevesada, con numerosos giros y complicaciones. A pesar de la paliza, a los tres camándulas les salió bien la jugada y disfrutarán de la gran vida en esa isla paradisiaca hasta que se metan en un nuevo lío, que seguro que no tarda en llegar. Un abrazo.

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  6. Hola JM, una historia un poco complicada con muchos personajes a los que hay que seguir pista pero al final es un relato interesante. Me gusta cómo el trío de detectives logran contra todo pronóstico sortear la aparente mala suerte. Unos granujas pero con buena estrella. Saludos.

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    1. Hola, Ana. En esta ocasión, como bien dices, me he pasado de la clásica pecera a un acuario con más fauna y no me quejo del resultado leyendo vuestros comentarios. Yo también estoy a favor de la reivindicación de los personajes grises. Un saludo y gracias.

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  7. Madre mía, JM, vaya historia rocambolesca y con ese final feliz, aunque conociéndolos, por lo bien que los has retratado, me temo que volverán a meterse en líos, o peleas, y no se les ve muy diestros en ese arte. Humor a raudales, muy bueno.
    Un abrazo

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    1. Hola, Pepe. Sí que la vuelven a liar, pero todavía está muy verde la cosa y necesita madurar para que de su fruto. Yo podría ser perfectamente el cuarto de ese trío solo que mis reivindicaciones no han sido tan favorables, así me desquito escribiendo las suyas. 😁
      Por supuesto el toque de humor ha de estar siempre presente. Saludos y gracias por pasar.

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  8. Leyéndote, JM, y hablo de tus relatos generales, no solo de SOS, tengo la impresión de que tienes la cabeza a punto de efervescencia, bullendo por salir historias y personajes, dándose codazos los unos a los otros. No eres de historias sencillas, te gusta los dobles y tripletes mortales aderezados, casi siempre, con toques de ironíA.
    En SOS me gustaron todos los “defectos” de los personajes a lo Hammett, la verborrea del picapleitos,la femme fatale clásica, la trama de los búhos subastados… lo único que no me gustó es el trato a la pluriempleada y explotada Saskia (una reminiscencia de la época)
    El final feliz en la isla paradisiaca pone un punto idílico a la historia.
    Pues muy bien JM
    Hasta pronto.

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    1. Hola, Tara. Me complace el veredicto de tu detallada autopsia literaria. La verdad es que suelo tener una encrucijada de tramas a seguir, a la hora de escribir, de ahí el vicio a dar réplicas propias y hasta ajenas cuando os leo. Me fijo una línea argumental sencilla, pero entre atajos y rodeos al final siempre se me complica un poco la cosa y si hay algún cruce con varias salidas ni te cuento.
      Para mí la ironía es la tabla de salvación de mis personajes cuando las cosas se ponen feas o en su contra y aún siendo perdedores les ayuda a mantenerse a flote.
      Me alegro de que esta en concreto te hayan gustado los elementos o personajes de la misma. En cuanto a la pobre Saskia, es la secretaria para todo o casi, la madre, la hermana, la amiga y hasta la asistenta. Lo del maltrato es su estigma, primero un marido nada recomendable y de colofón un comisario misógino.
      Te diré que cuando acabé la segunda parte de la historia (el final feliz) ya tenía en mente una secuela con una venganza fría de la protagonista hacía su exmarido, así que si no me despisto y puedo concretar un poco más la trama, Saskia tendrá su revancha. Todavía estoy con las réplicas de los muertos del ascensor y algunas historias más sin acabar, para la rutina y la disciplina soy más desastre que mis personajes.
      Gracias por su informe, doctora Isabel. Te lo digo con mi toque de ironía, pero con todo el respeto. Que te hayas molestado en hacerme este comentarío merece todo mi agradecimento. Saludos, Tara.

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