Epílogo de «Un sombrero nuevo para una nueva vida» by Luna Paniagua


Uno de los posibles desenlaces de: «Un sombrero nuevo para una nueva vida» de Luna Paniagua

Epílogo

Eli estaba en el puesto probándose el típico sombrero de paja de la zona, se miraba en el pequeño espejo y veía que, a su mirada de felicidad, le sentaba bien fuera lo que fuese que usara para protegerse de ese sol tan insistente. Así todo, se puso todo el muestrario, hasta quiso verse con alguno de hombre. Nada más encasquetarse uno se acordó súbitamente de su Antonio, el asesino de mujeres fugado en su primer permiso, y a quien, desde hacia seis meses, se había perdido la pista.

Todas las lunas de miel, por dulces y adictivas que sean e incluso aunque pudiesen pagarse indefinidamente, tienen una caducidad poco prorrogable. Eli y Antonio con su nueva identidad, al llegar a este paraíso cumplieron su palabra y se casaron en cuanto se instalaron. Gracias al dinero y las joyas de los errores de su anterior vida, Antonio hizo una buena caja, que supo ocultar durante el juicio, justificando haberlo malgastado en el juego. Las tres viudas, a las que desnudo en todos los sentidos, acabaron purificadas en cal viva y no pudieron testificar que, la mayor parte de su capital, estaba en cuentas numeradas de paraísos fiscales. Así a los tres meses y un día de su boda, la luna de miel al igual que una condena menor, termino y acabó como si su relación se hubiera ido tras esa luna tan dulce.

En un paraíso como donde la pareja se asentó no faltaban señoritas, divorciadas y viudas ricas que quisieran estar allí aunque fuera solo una semana; por que su mayor atractivo era que lo que pasara en el paraíso allí se quedaba. Antonio que no tenia, a parte de para las mujeres ricas, mal ojo para los negocios, compro una lancha de paseo y equipos de buceo. Con lo que paseaba por gusto a las traviesas turistas y, además, las cobraba tanto en especia como en efectivo; lo dicho, un paraíso para todos y todas.

Eli se pasaba el día en la playa y la noche bebiendo y bailando, físicamente no podía competir con las bien parecidas nativas, ni con las sofisticadas visitantes dispuestas a dejarse seducir en cuanto se deshiciera el hielo de su copa. Su aspecto bonachón con esa simpatía natural, en cambio le granjeaba confianza con quien hablara, algo que ella sabía aprovechar muy bien. Ahora que su relación con Antonio, era solo de saludarse con apatía, después de todo lo que ella había hecho por él. Esto era una grave amenaza potencial y, relativamente próxima, para su situación actual y futura vida. Sí, en cuanto Antonio paseara en su lancha, a una mujer lo suficientemente rica para dar el golpe definitivo; ella su salvadora, literalmente pasaría a mejor vida, en el Paraíso de los muertos.

Eli se quitó el sombrero de paja de hombre y volvió al presente. Miro el reloj y de reojo, en el pequeño espejo del puesto, el eco de ese brillo de felicidad le fue devuelto. Ya era la hora concertada con la aseguradora para cobrar el cheque. Las actividades deportivas de riesgo, como lanchas de paseo y excursiones de buceo, tienen una prima muy alta. Pero duplicar la póliza tiene su premio si a los cinco meses, tres de luna de miel y dos de pendoneo, un trágico accidente acontece en un  Paraíso del Caribe.

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