La tertulia de las diez: «El bosque de las visiones (y V)»


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Después de: 
El bosque de las visiones (I y II) y
El bosque de las visiones (III y IV)
Esta historia llega a su conclusión.

Epílogo V

Por la mañana, justo al amanecer, el sonido del agua hizo cruzar entre unos arboles al marinero. Estaba totalmente agotado y al llegar al borde del riachuelo, cayó desplomado. Intentó abrir los ojos pero no podía ver nada, algo se lo impedía, al tiempo que notaba un húmedo frescor y alivio en la frente. Volvió a cerrar los ojos y se dejó dormir con esa placentera sensación que relajaba su ardiente cabeza.

Todavía, entre sueños, creía oír cantos de pájaros sobre el rumor lejano de agua circulante. Intentó nuevamente abrir los ojos; esta vez, con las manos, se palpó la cabeza y desplazó una especie de cataplasma de su frente. Una sonrisa, algo pícara, detrás de unos ojos curiosos, fue su primera imagen en cuanto la visión se le aclaró. Devolviendo la sonrisa, giró lentamente la cabeza hacia ambos lados, para tratar de ubicarse,

Solamente acertó a divisar un claro del bosque con una sencilla cabaña de ramas y hojas; haciendo que fuera más acogedor ese escondido paraje. Al otro lado, entre tupidos árboles, se dejaba entrever casi camuflada, una entrada; que, seguramente en su otro extremo, seria la salida hacia el camino del bosque. Cuando retornó la vista contempló que la sonriente mujer de pies junto a él, era bastante más alta de lo habitual, pero sin llegar a ser para nada desgarbada. Ella, entre divertida y complacida, se agachó ofreciéndole en un cuenco una especie de sopa.

— Más de dos días has necesitado en despertar, ya pensaba que las esporas de los hongos, tan divertidos que hay por aquí, te habían afectado más de la cuenta. Eso y el palpable agotamiento que tenias cuando te encontré al lado del rio. — Comentó ella con toda tranquilidad pero con algo de guasa al, literalmente y todavía, alucinado joven marinero.

Él por su parte escuchaba, como en un lejano eco, todas sus palabras al tiempo que calentaba las entrañas con la sopa ofrecida. Después de esta presentación, Rala que ese era su nombre, le fue contando su historia; se notaba que ella llevaba bastante tiempo sin contacto humano y, a la visita del marinero, su hospitalidad incluía también toda esa conversación almacenada.

Al cabo de unos días, el marinero ya recuperado, también se sinceró con Rala. Convino con Ella en realizar las tareas que fueran precisas para poder seguir disfrutando de su hospitalidad. Ambos, en aquel recóndito claro de El bosque de las visiones, constataron como en ese destierro (cada uno por sus motivos), aquel verde oasis acabo reuniéndolos. Allí apartados de esa sociedad, donde las tradiciones fueron condena de su juventud, Rala y su marinero encontraron compañía y hasta felicidad sin necesidad de nada más.


Al otro lado, las esporas de las setas alucinógenas, siempre salvaguardarían a los dos rebeldes. Incluso cuando, sus espíritus, pasaron a formar parte de El Bosque de las visiones.

15 comentarios sobre “La tertulia de las diez: «El bosque de las visiones (y V)»

    1. Me pasa lo mismo, los relatos largos se me atragantan. Con las novelas es diferente me las tomo como películas literarias. Me alegro de que te haya gustado el epílogo que precisamente lo tenía pendiente, sin cerrar, desde la anterior entrega. Como siempre muchas gracias por participar Saricarmen🖐

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