VadeReto (JUNIO 2022).-


Junio 2022

Una carta sin sello a cualquier dirección.

Los mensajes en las botellas ahora se llaman blogs personales (JM Vanjav)

En este mundo te puedes sentir tan pequeño e insignificante como un triste grano de arena, pero no estás solo porque no hay playa o duna del desierto hecha de un solo grano de arena.

No hay mayor soledad que la de estar rodeado de la indiferencia del resto de la humanidad.

Un ser gris no destaca en nada, pero tiene más criterio que los triunfadores que solo distinguen blanco o negro, amigo o enemigo, etc. Unos pobres robots de carne y hueso e igual de binarios.


Con pensamientos así, tal vez para no acabar de volverme loco, me fui apartando del mundo cuando las decepciones de todo tipo llenaron hasta rebosar mi vida; por otra parte, de lo más aburrida y anodina. La sociedad nos hace sentir como piezas de un engranaje y si no funcionamos como los que la controlan quieren somos fácilmente sustituibles.

Después de acabar mi vida laboral me sentía como un fungible acabado en el cubo de reciclado. Esta comparación me venía al pelo porque al no ser ambicioso ni competitivo acabé como el becario senior de la oficina y claro, por ello el único que debía reponer de papel a la impresora y cambiarla el tóner; el resto de compañeros tenían responsabilidades mayores.

Cuarenta años en el mismo sitio trabajando y cuando me iba a marchar solo se preocuparon de saber si ya había enseñado el mantenimiento de la fotocopiadora a mi sustituto. Con semejante nivel de compañerismo preferí despedirme como si de unas vacaciones más al coger los días que me quedaban antes de la jubilación y evitar el posible paripé del último día.

Las amistades y relaciones románticas más o menos formales en mi vida privada tampoco habían sido un referente destacable. Únicamente algunos amigos o parejas ocasionales e interesadas de paso y sin parada fija. Cuando eres una persona aburrida y sin muchas pretensiones en la vida lo veía hasta normal.

Ahora que disponía de las veinticuatro horas del día como vida propia decidí ponerme en contacto con cualquiera que quisiera escucharme, igual había en este mundo alguien más en mi misma situación. Y si no era así tampoco pasaba nada, las inquietudes lo mismo que los gustos son algo muy personal y no precisan de ser compartidas.

Las hojas visten a los árboles estando muy próximas en sus copas, pero siendo independientes unas de otras. Es en el otoño de sus vidas cuando el viento al arrancarlas las acaba juntando.

Fue algo casual o totalmente predestinado para ese concreto momento, cualquiera de las dos posibilidades podría servir. En mis paseos —muchas veces autoobligados para hacer algo de ejercicio— empecé a fijarme en los típicos letreros de los bajos comerciales cerrados, pendientes de venta, alquiler o abandonados a su suerte. Vi su similitud como la mía cuando dejas de ser útil o rentable.

Se me ocurrió, en cierta forma, dar respuesta mostrando mi apoyo a los que no parecían tener ya oportunidad de traspaso alguno. Cerca de mi casa había un puesto de revistas que echó la persiana hace al menos diez años y así parecía seguir para los restos. Bueno, ¿por qué no escribirle una carta? Algo sencillo mostrando mi solidaridad con su estado.

"Hola, nos conocemos hace mucho aunque únicamente de vista. Recuerdo tus buenos tiempos cuando las revistas y chucherías eran tu fuente de ingresos y algarabía infantil. Ahora estás con la persiana bajada y la gente pasa a tu lado sin mirarte siquiera, pues mi situación es la misma desde que me jubilaron. 

Te veo todos los días al pasar y eres como un recordatorio de mi propia existencia. Da igual que tú seas un pequeño local o yo un ser insignificante, ambos tenemos nuestra historia detrás y eso nadie nos lo puede ningunear. 

Saludos, vecino." 

En casa quise darle más repercusión y abrí un blog donde puse como primera entrada una fotografía de mi carta en el quiosco de revistas. Al día siguiente repetí mi saludo con el bar de la esquina. El local no tuvo traspaso alguno después de que cerrase. Un negocio así entre una calle secundaria y un callejón era por pura convicción y completa dedicación. Ya casi ni me acordaba de El Baruco de Pepe, al poco de empezar yo a alternar, en mi adolescencia, echó el cierre.

"Hola, Baruco. Tú todavía sigues aquí, Pepe casi inseparable de ti a saber donde yacerá o sus cenizas se esparcirán. Cuantos años han pasado desde mi última caña con vosotros. Tu tortilla como la de casa grande y bien cuajada —solo hacías una porque te daba mucho trabajo—, pero que rico estaba hasta ese último pincho (en tres o cuatro trozos) que nos regalabas a la hora de cerrar en la última ronda.

Recuerdo la barra y tus dos mesas, no había sitio para más, pero a nadie dejaste fuera incluso cuando fiabas un café caliente a algún pobre que no tenía suelto. A veces, me asomo al callejón para verte y recordar esos tiempos porque el tiempo pasa, pero los buenos recuerdos no merecen ser olvidados. Saludo, vecino." 

Y así día tras día fui dejando esas notas o cartas en cada local o sitio —ahora cerrado o abandonado— que algún recuerdo me traía. Al final te das cuenta de que hay muchos granitos de arena así en tu vida y la mayoría de ellos te traen a la memoria cosas buenas que no valorabas o yacían olvidadas. Una existencia, aparentemente, gris resulta que está salpicada de muchas motitas de color.


Epílogo

Mi blog personal había lanzado un montón de botellas con esos mensajes dedicados —sin contar para nada con que fueran siquiera leídos—, pero al cabo de una temporada fui yo quien recibió un mensaje y poco después otro. Así justo cuando el viento del otoño le pedía paso al verano ya nos habíamos juntado unas cuantas hojas compartiendo esas cartas dedicadas sin destino fijo, pero con vivencias y sensaciones parecidas.

Lo más sorprendente fue cuando volviendo a pasar por esos locales especiales empecé a ver cartas manuscritas similares a la mía. Seguramente serían de gente mayor, que no sabrían que era eso del correo electrónico, dejando su personal recuerdo nostálgico en esos sitios. Bajos comerciales que, a pesar de tener la persiana echada hace mucho tiempo, no habían sido olvidados por sus vecinos.


9 comentarios sobre “VadeReto (JUNIO 2022).-

  1. ¡Ay JM cómo me encantan tus relatos con Epílogo! Me permiten jugar a levantarme del escritorio, tomar algo, dar una vuelta por la terraza imaginando un epílogo y recién después volver a leerlo. A veces, como en este caso, es lo que me gustaría que sucediera. A veces, como en este caso, es lo que leo y me deja ¡tan feliz!
    Náufragos de la vida cotidiana, sean personas o lugares, detenidos para siempre en esa playa de granitos de arena, en su existencia gris salpicada de granitos de color. ¡Poesía pura!
    Decir que me gustó es demasiado poco. Decir que lo leí 2 veces es demasiado poco.
    Por favor, sigue haciéndonos estos regalos. Que por más pequeños e insignificantes que, de vez en cuando, nos sintamos, siempre podremos escribir o recibir mensajes en una botella o en un blog.
    Un abrazo grandote.

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    1. Hola, Marlen. Vaya comentario que me haces, me siento de lo más halagado, pero que hayas captado el mensaje tan bien de la historia es otro cumplido igual o mayor.
      La guinda es lo que dices de los epílogos, yo hago lo mismo con las historias que leo y de ahí que tenga la costumbre de ponerles el mío o un final alternativo.
      Actualmente, son los diversos retos los que me mantienen enviado estos mensajes y no tengo intención de cortar esa correspondencia, máxime con tan buenas repuestas.
      Muchas gracias y saludos.

      Le gusta a 1 persona

  2. Buenos días, JM.
    Alguien se preguntará que por qué te dejo entrar en clase cuando ya ha sonado el timbre. Pues facilísimo, porque ni esto es una clase, ni yo ejerzo ya de profesor (no por la edad, sino porque no me quieren). El Acervo, y más concretamente el VadeReto, es nuestra terracita en dónde cada uno aparece cuando quiere y nos regala historias para divertirnos, para sentirlas y para hacernos pensar también.
    En este caso, no nos traes una sola historia, sino una amalgama de vivencias que conforman lo que llamamos vida. Solemos creernos que solo existe la nuestra, pero es con la convivencia y la relación con los demás como se fundamenta nuestra existencia (uff, qué filosófico me estoy poniendo. Agárrame el cubata Sócrates 😜).
    Tu paseo me ha hecho revivir los míos por mi Cádiz, ¡cuántos comercios cerrados! Las vacas flacas, lo carísimo que está el terreno y los alquileres, los bolsillos casi vacíos, y la poca vergüenza de quienes todos sabemos que hacen naufragar tantos negocios, nos hace ver tantas barajas echadas.
    Cada una de ellas es una vida cambiada, descontinuada o, tristemente, acabada. Tus cartas serían una maravillosa forma de darles, si no una resurrección, si el agradecimiento y recordatorio que se merecen por lo que vivimos con ellos.
    Felicidades por un relato tan entrañable y bello. Ojalá fuéramos capaces de hacer lo mismo que tu personaje.
    Gracias por el regalo, un abrazo mu grande. 🤗😊👍🏼🍻🍻🍻🍻

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    1. Hola, JA. Ni somos primos ni hermanos, pero ya sabía que con este relato te ibas a poner reflexivo y nostálgico, normal con todas las 🍻🍻🍻🍻 que llevamos tomando juntos por aquí.
      No sé si la práctica de este personaje es original o ya ha sido documentada. Por aquí hay grupos o gente que se dedica a desmontar y guardar los rótulos de los locales que tuvieron su historia, en Instagram hay unos cuantos (https://www.instagram.com/santatipo/ o rotulosenpeligrodextincion/)
      Ahora bien, tampoco pasaría nada por ir dejando cartas o mensajes en esos sitios entrañables ahora con la persiana echada.
      De mientras unas 🍻🍻🍻🖐🏼

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  3. Acertada iniciativa la del personaje de tu relato y muy bien llevada a cabo al no desfallecer realizándola, aun siendo consciente de que podría no tener respuesta; pero había convicción y hubo respuesta en una u otra forma.
    Por lo demás, esa manera de contarlo tan tuya, con un excelente uso de los recursos literarios que tenemos a mano, le marca una singularidad muy especial.
    Con permiso de Marlen, hago también mías, solo por un instante, sus palabras: «Decir que me gustó es demasiado poco». Cuando la inspiración se une a una desarrollada creatividad y una buena técnica, no es de extrañar que resulte algo tan preciado como este relato.
    Muchas gracias por compartirlo.
    Un abrazo.
    PD: me has vuelto a remover las neuronas e impactado bajo la línea de flotación, cosa que también te agradezco, porque eso siempre es saludable.

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    1. Hola, Daniel. Con comentarios como el tuyo me siento como el personaje de la historia cuando vio que sus mensajes eran leídos y hasta contestados.
      Me alegro de que te haya gustado y hasta hecho pensar en el trasfondo de la historia.
      Muy agradecido por la visita y por el generoso pago de tu comentario.
      Saludos.

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