La tertulia de las diez: «Chusco y yo»


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Yo no tenía debilidad ni por mis vecinos ni mucho menos por sus perros. El caso es que, en la única casa cercana a la mía, vivía un vejete como yo, pero más mayor, con su perro. Chusco, que me ladraba cada vez que yo por delante de su finca pasaba; y yo, en respuesta, más lo azuzaba.

Más o menos, ambos vecinos, llevábamos el mismo tiempo viviendo en el único pareado de este lado del pueblo. Nuestro trato era de un saludo cordial y poco más. El año pasado un nieto que vivía en el extranjero invitó a mi vecino a pasar parte del verano con su familia. Yo, por lógica proximidad, fui preguntado por él acerca de poner agua a Chusco y llenarle el plato de pienso durante su ausencia.

Para mí no era molestia, si se iba el amo yo me podía hacer cargo del can. No era un animal especialmente bonito, ni lo suficiente joven para aprender nuevos trucos, y su carácter era igual de huraño que el mío o el de mi vecino; así que todo quedaba en casa.

Los primeros días Chusco y yo nos mirábamos solamente cuando yo iba a comprobar su agua y llenarle el recipiente de pienso. No me gruñía, era muy listo el cabrón, y sabía a lo que yo iba. Hacia las dos semanas el foxterrier, voluntariamente, me acompañaba en mi paseo diario y hasta me esperaba en la puerta del bar cuando yo entraba de avituallamiento.

Un mes pasó o algo más hasta que regresó el vecino de mi pareado. A partir de ahí el perro, más listo que los dos humanos que allí vivíamos, empezó a compartir su tiempo en las casas de ambos. De esta forma, los dos vejetes, empezamos a hacer lo propio y contábamos nuestras batallitas unos días en casa del uno o bien del otro.

Este último invierno vino crudo y mi vecino acabó mudándose al camposanto del pueblo por una neumonía. Chusco, después de unas semanas oliéndose que ya no volvería, se decidió a vivir a tiempo completo con el otro viejo que aún le quedaba.

Ahora nuestro paseo diario incluye el desvío hacía el cementerio del pueblo. Allí nos sentamos un rato de palique los tres, hasta que el más listo de todos, levanta la cabeza y, como olisqueando el aíre, decide que es la hora de acercame al bar del pueblo para mi repostaje diario.


16 comentarios sobre “La tertulia de las diez: «Chusco y yo»

    1. Bueno, me alegro de que te haya gustado no por lo de tu peludo compañero. Pero aquí el que la palma es el vecino de al lado, que al final acaba siendo amigo gracias al gruñón de su perro. Y los tres acaban compartiendo su tiempo.
      Saludos 🖐😊

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      1. Si lo he visto, que quien se va al otro barrio es el vecino con el que al final se hacen amiguetes los 3, incluyendo al perrillo, pero es que estoy un poquito tocada con lo del perro, no me imaginaba que después de hacer tenido ya tantos en mi vida, este fuera a dejar un vacío tan grande.
        Buenas noches mi querido amigo. 🙋🏼‍♀️😘🌹🐶

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      1. Muchas gracias mi querido amigo de palabras.
        Si me entiendes es porque eres amante de los animales o tal vez tengas alguno.
        Duke era un perrito muy especial, siempre hemos tenido en casa algún perrito, gatito y hasta pollitos y tortugas, pero ninguno tenía la inteligenciao el instinto que él tenía y sobre todo el amigo fiel que durante sus 9 años de vida nos regaló.
        De verdad que agradezco mucho tus palabras.
        Un beso. 😘🙋🏼‍♀️

        Le gusta a 2 personas

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