Dicky & Ricky «El caso de la carta y el buzón forzado»


Dicky & Ricky agentes secretos

Para los videntes la observación se basa casi por completo en lo que perciben por los ojos. En mi caso son el resto de sentidos los que me informan de todo lo que ocurre a mi alrededor; bueno, y Dicky mi perro lazarillo, que me avisa por si algo se me escapa. Por eso formamos el mejor equipo de detectives del barrio.

El caso de la carta y el buzón forzado

Uno de nuestros primeros casos se remonta a hace algo más un año, justo cuando me entregaron a Dicky, mi joven Golden Retriever, recién licenciado de su entrenamiento. Salíamos todas las tardes a dar un largo paseo para conocernos y adaptarnos el uno al otro. Una de esas tardes noches de octubre llegamos al portal cuando, mi nuevo compañero y amigo, me hizo un sutil gesto como que alguien más estaba allí. Mientras pulsaba el botón de llamada del ascensor agudice mis sentidos, percibí un leve temblor como de alguien que no quiere ser descubierto y el inconfundible Eau de Rochas de mi vecina del segundo Doña Carmina. Tengo buena relación con mis vecinos y si ella no quiso delatarme su presencia yo tampoco la pondría en evidencia.

Al día siguiente, cuando bajábamos a nuestro paseo, en el portal había un corrillo de propietarios. Al menos distinguí cuatro voces diferentes y no menos de seis olores. La discusión era porque uno de los buzones había sido forzado y pensaban que algún intruso había entrado a robar en el portal. Lo curioso es que la cerradura reventada correspondía a una vivienda ocupada solo en verano por los hijos del antiguo propietario. Para más misterio los allí presentes comentaban que, la propaganda y cartas de recibos seguían dentro, no esparcidas por el suelo como sería lo habitual; algo que Don Maxi remarcaba insistentemente, intentando convertir lo de intento de robo en una broma o gamberrada sin más.

Saludé a los presentes como si conmigo no fuera la cosa y durante el paseo con Dicky fui atando cabos. Solo me faltaba, a nuestro regreso, comprobar si mi teoría era acertada. Reconozco que estaba un poco nervioso, pero más por la excitación del caso que por el miedo al fracaso. Al entrar al portal Dicky me dejo claro que no había moros en la costa y nos dirigimos a los buzones, allí hicimos otra comprobación para no ser descubiertos, ningún ruido ni olor humano, estábamos solo Dicky y yo.

Acerque mi nariz al buzón descerrajado y a continuación al de justo al lado, precisamente el de Don Maxi, había todavía restos en ambos del mismo aroma perfumado. ¡Ay, pobre Doña Carmina! apostaría a que tan coqueta ella bajo sin las gafas y se confundió de buzón al meter la carta, seguramente de sus Amores secretos, en la rendija equivocada. Don Maxi notificado del percance por su cómplice, iría más tarde con nocturnidad y alevosía a forzar la cerradura, pudiendo recuperar así tan esquiva y traviesa correspondencia. De ahí que al día siguiente, quisiera con tanta insistencia, quitar gravedad al asunto y dejarlo como una mera gamberrada.

Bueno, no tiene nada de malo que dos septuagenarios viudos quisieran compartir su soledad y lo fueran negociando usando el método tradicional de su juventud, el de las cartas manuscritas. Mucho más personal y romántico que los mensajitos tan de moda hoy en día. El caso es que el tiempo me dio la razón; al poco, más o menos cuando ya se había olvidado lo del buzón reventado, salieron los dos vejetes del ascensor. De la mano, sacando a la luz que compartían una muy afectiva relación. Por supuesto, desde esas navidades, ya se comieron juntos el turrón.


8 comentarios sobre “Dicky & Ricky «El caso de la carta y el buzón forzado»

  1. Vaya par de detectives, pero es que pareciera que tienen super-poderes y en cierto sentido es así. El nivel con el que experimentan el mundo las personas invidentes pasa a ser un superpoder. Y muchas veces se percatan de cosas que una persona «normal» no ve. Bien por tus dos personajes y el misterio de los viejitos enamorados. Saludos!

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