VadeReto (Agosto 2021) El sueño reparador


VadeReto (Agosto 2021)

El sueño reparador

Cada noche era la misma historia, esa recurrente pesadilla, y despertar ahogado por el desasosiego. Hacía meses que se repetía tan angustiosa rutina sin opción o esperanza para salir de ese bucle.

La relación con su pareja era la normal cuando la comunicación presencial estaba en tierra de nadie porque la verbal siempre acaba entre desencuentros y mutuos reproches. Con la practica habían ido pasando de la acritud de los enfados a la indiferencia del distanciamiento.

En su última noche juntos decidieron darse un tiempo indefinido cada uno por su cuenta. Ese acuerdo era en lo único en lo que habían coincidido en casi toda su convivencia en común. Ella se tomó una pastilla para dormir, quería estar descansada en la mudanza de regreso a su apartamento.

A las cuatro y diez de la madrugada él se despertó, los rojos dígitos del reloj despertador se lo notificaron claramente. La tenue luz de los números se reflejaba en los labios de su hasta esa noche compañera, pero algo no iba bien le decía su todavía espesa mente.

Ella estaba boca arriba inerte como con algo rezumando de las comisura de su boca. Encendió la luz de la mesita y la imagen le sobrecogió, como si el primer sentimiento cuando la conoció hubiera despertado, ante aquella visión.

Suavemente con su mano le rozó la frente para salir de dudas. La sensación fría al tacto le produjo un escalofrió por todo el cuerpo. El 112 no tardó ni diez minutos en llegar, pero el médico solo pudo certificar la muerte.

En la investigación posterior él quedó completamente exonerado, solo fue un trágico accidente. Ella se debió atragantar de madrugada llegándola a provocar un reflujo, como había tomado una pastilla para dormir no pudo despertarse, y se ahogó con su propio vómito. Él, seguramente, se despertaría con el último estertor de ella a eso de las cuatro y diez.

Desde aquella aciaga noche dormir era una tortura que se repetiría día tras día. Daba igual que fueran a separarse, su última vez fue juntos y él no se enteró de nada hasta que fue tarde. Mas que un sentimiento de culpa era de impotencia provocado por esa desidia que los había ido distanciando.

La rutina era siempre la misma, la única que funcionaba si pretendía poder descansar mínimamente. Cada noche repasaba los momentos y las conversaciones que les llevaron a convivir juntos, nada de aquellas que los enfadaban y acabaron distanciando. Esos pensamientos positivos eran el punto de paz que, con el acumulado cansancio, conseguía hacerle dormir.

Ahora venia la segunda parte, daba igual lo que soñara o si simplemente descansaba. De repente la escena presenciada, al igual que en una película, muy lentamente se fundía en negro acompañada de una angustia, en crescendo, a modo de banda sonora. El paroxismo embargaba todo su Ser cuando la oscuridad se completaba.

El tiempo parecía quedar congelado en ese indescriptible estado de desazón. Finalmente conseguía despertar pero poseído por ese mortal desasosiego. Al mirar a su lado sabía que estaba despierto porque no tenía la visión de ella allí inerte, pero siempre, siempre, el reloj despertador le recordaba, con sus sangrantes números, las cuatro y diez.

Poder volver a pegar ojo después de tan fatídica hora era una lotería que, solo y casi al amanecer, le permitía una aproximación de duermevela. Con el paso de los días y esta repetida practica empezó a conseguir que en sus sueños ella apareciera, pero el recurrente fundido en negro seguía siendo el comienzo de su pesadilla.

En el transcurso de las semanas siguientes el agotamiento se hizo crónico y, si bien dormir era una pesadilla, el resto del día una cansina agonía. Las cosas de ella seguían en su sitio como si no hubiera pasado nada, lo mismo que las cajas apiladas con los enseres de la mudanza. Hasta el estampado neceser, tan personal como privado de su compañera, seguía reflejándose en el espejo del baño.

Esa noche necesitaba descansar y la idea le vino mientras se cepillaba los dientes. La floreada bolsa de aseo, que él mismo la había regalado cuando ella se instaló, estaba allí a su vista. Y sabía que dentro estaba el frasco de las minúsculas pastillas para dormir.

No necesito de mucha terapia de pensamientos positivos. En cuanto recordó su primer paseo juntos compartiendo paraguas Morfeo le abofeteo con inusitada fuerza. Los sueños de esa noche fueron densos como hechos con gelatina.

Mientras reían hablando de como seria compartir casa el escenario cambiaba al igual que las veces que tuvieron esa misma conversación. Pero finalmente, el temido fundido en negro, fue escureciendo las escenas; y sus amistosos diálogos, en susurros ininteligibles, también se acabaron diluyendo.

Ya estamos en la completa oscuridad, mi corazón congelado por el frío absoluto no late; sí yo soy el protagonista de esta terrorífica historia. Mi Alma parece ser la única presencia en este inmaterial lugar entre la vida y la muerte, los sueños y la realidad.

Abro los ojos sobresaltado, ella está a mi lado convulsionando agitadamente. Me incorporo y hago lo mismo con ella tratando de sentarla en la cama. El olor a vómito me presagia lo peor, la zarandeo con fuerza para que reaccione, para que despierte.

Los segundos parecen minutos, ella no despierta pero sigue convulsionando como si se asfixiara. Palmeo repetidamente su espalda, la meto los dedos en la boca para provocarle arcadas. Parece que algo de ese viscoso líquido escupe y empieza a toser con violencia.

Sentados en la cama la sostengo, con fatiga empieza a respirar intercalando esputos a modo eco. Ella sigue adormilada pero la calma parece llegar cuando al mirar instintivamente el reloj despertador saltan las cuatro y diez. Aliviado me dejo llevar por el sopor y caigo en el más profundo de los sueños.

Abro los ojos, pero no se si estoy todavía soñando o despierto. Miro el reloj de la mesita y marca las siete y veinte. Parece que, por fin esta noche, si he roto el maleficio de estos meses y he podido dormir, pero hay un detalle que no me cuadra y me saca de todo.

Ella está allí justo al lado y un sudor frío me empieza a gotear por las sienes. Instintivamente, con el mayor cuidado, mi mano roza su frente. Su textura es suave y templada; pero, sí hasta la noto respirar, al mirarla más detenidamente.

Se me escapa un sonoro suspiro que la despierta. Frotándose los ojos me mira atónita como sin saber que coño pasa. Yo, sin darla tiempo a acabar de despertar, la digo que no se vuelva a su apartamento. Su expresión al oírme, todavía algo embelesada, acaba con una carcajada.

Entrecortadamente, por una risa incontenible, me dice que eso ni en sueños después de la de veces que necesitamos hablar sobre lo de vivir juntos. Encima justo después de la primera noche que, oficialmente como pareja, la pasamos juntos.

Desayunar juntos en la cama es un lujo que evitará esos presagios de acritud y distanciamiento. Hay rutinas que, por muy indisciplinados y rebeldes que seamos, merecen la pena si no quieres acabar solo en medio de un bucle de terribles pesadillas.

En las cosas sencillas reside la esencia de la felicidad

15 respuestas para “VadeReto (Agosto 2021) El sueño reparador”

  1. Esta vez te has decantado por un relato romántico, intrigante y algo tenebroso, JM. Una historia entre la realidad y el sueño, aunque más bien pesadilla.
    Me has mantenido en vilo hasta el final, aunque luego no hayas querido sacarme de las dudas. Como buen cuentista que eres. 😉
    Has plasmado maravillosamente la atmósfera de opresión, incertidumbre y angustia del protagonista. Además de mostrar esa realidad tan desgraciada que es la de darnos cuenta que no sabemos lo que amamos hasta que estamos al límite de perderlo.
    Yo que soy insomne sufrido y declarado, me he visto reflejado en ese desatino del protagonista. En mi caso, a la cabeza me vienen problemas en los que no pensabas durante el día y vivencias que creías olvidadas y aparecen cuando más descanso imploro.
    Una cosa me has dejado claro, llevo mucho tiempo pensando si tomar somníferos sin llegar a decidirme. Después de leerte, te aseguro que NO. 😅
    Optaré por el chupito de güisqui o el martillo de goma. 😜
    Felicidades por la historia y su buenísima narración.
    Gracias por la participación a nuestro VadeReto.
    Abrazo y cervesita.

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    1. Hola, JA. Me alegro de que te haya gustado. Lo de mezclar realidad y sueños es algo que a mí me pasa cada vez que tengo algún sueño pesado, tardo un rato en asimilar y diferenciar cada uno de los dos estados 😂
      En cuando a lo de pensar por la noche aquello que por el día nos ha fastidiado es mala terapia, mucho mejor tu otra propuesta, la de echase un chupito al coleto antes de tirarle los tejos a Morfeo.
      Saludos y hasta el próximo VadeReto 🖐️

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    1. Hola, Lola. Gracias me alegro de que te haya gustado. Lo de despertarse y no saber muy bien si todavía se está soñando o no me ha pasado más de una vez, así que con este reto solo he tenido que echar mano de la hemeroteca mental, que le den a la Musa 🤣
      Gracias por pasar y comentar 🖐🏼

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  2. Ese querer y no querer, ese sentimiento de culpa por algo que puede salir mal y por otro lado querer intentar sobreponerse a los malos presagios…
    Tu protagonista está en un mar de dudas. Solo tiene que dar el primer paso, 🏃‍♀️🏃‍♀️🏃‍♀️ después ya se verá.
    Un abrazo.

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    1. Los sueños pueden ser muchas cosas y según como actuemos igual podemos superarlos cruzando la difusa línea que separa la realidad de la imaginación aunque esa frontera también sea la que separa la locura de la cordura.
      Gracias por pasar y participar Virtudes 😁🖐🏻

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