VadeReto (MARZO 2022).-


Una cabaña muy chic

El anuncio de la oferta de trabajo no podía ser más sugerente. En una ciudad pequeña encontrar un trabajo a la medida de alguien ya de vuelta de todo es una lotería. Navegando por el mar de la vida, al final llegas al puerto donde valoras más la tranquilidad que cualquier aventura pasada aún habiendo sido satisfactoria. Es preferible recordar esos buenos momentos que intentar repetirlos, para acabar fracasando repetidas veces igual que el burro, que sigue dando vueltas a la noria ya hasta sin zanahoria.

En tiempos, El Parque del Sur había sido un frondoso bosque. Ahora solo quedaba una porción del mismo acotada y la cabaña del guardabosques, remozada hasta acabar siendo un hotelito con terraza en el extremo de la arboleda. Un pelotazo urbanístico, en las fincas del extrarradio, había cerrado el acceso al parque, mientras duraran las obras de los futuros lujosos adosados.

Así quedaría también cerrada la vitaminada cabaña del bosque, al menos un año entero y se precisaba un vigilante de día para notificar cualquier acceso de intrusos en el establecimiento hostelero, dado que el acceso por las sendas del bosque seguían abiertas para pasear. Por la noche ya había perros guardianes que protegerían el entorno y las instalaciones.

Cuando me presenté para la oferta pensé que tendría mucha competencia para el puesto, y más siendo yo forastero. El caso es que los lugareños no estaban por la labor siendo yo el único candidato. Es más, me aumentarían el salario un diez por ciento cada mes que fuera cumpliendo con mi cometido hasta fin de obra.

Básicamente, sería estar allí recluido cada día desde el amanecer hasta el ocaso, pero si me apeteciera hacer noche sería con la condición de no salir bajo ningún concepto, para evitarme un accidente con los perros que por la noche lo guardaban.

Había que dar un buen rodeo en este pueblo grande para coger el camino del bosque. Este paseo primaveral no sería ninguna molestia ahora ni en la época estival. Más adelante, cuando el clima no fuera tan benigno, seguro que se me haría más cuesta arriba ir y volver cada día. Por ello pensé en la oferta de hacer noche en la cabaña.
En el tramo medio opté por un sendero semi oculto que mi sentido orientativo me indicaba como atajo.
Me planté en un pequeño claro justo en mitad de la espesura, parecía un templo abierto a las estrellas o la luna. Seguro que el firmamento desde allí por la noche sería todo un espectáculo; pero, viendo como estaba ese resto de tronco, no creo que los perros guardianes me recibieran juguetones meneando la cola.
Finalmente, llegué a mi destino mi primer día de trabajo. La mañana me la pasé reconociendo el lugar y las diversas estancias. La antigua cabaña del guardabosques ahora solo era una mínima parte de todo emporio levantado a su alrededor.

Pasé mis primeros días haciendo la ruta por el bosque, sonreía al pensar que yo era como Caperucita visitando a su abuelita, y en cualquier recodo me saldría un lobo. En la ciudad —más bien un pueblo grande donde todos se conocían— poca vida social hacía, pues solo cenaba en el hostal donde tenía habitación; lo curioso es que la gente cuando me miraba parecía señalarme o eso me parecía.

Yo, como tenía que ir todos los días a mi oficina en el bosque, opte por hacer que mi fin de semana fuera allí como si el hotelito estuviera abierto; siendo un agasajado cliente. Además, había luna llena y podría intentar verla desde ese mágico claro en medio del bosque, antes que los perros empezaran con su guardia.

El mismo viernes por la mañana me cargue la mochila con las vituallas necesarias, en el trabajo tenía acceso al bar del complejo cabañil y bebida no me faltaría. Y en la sala contigua podría escoger, entre varios grandes sofás de piel, para dormir a pierna suelta.

Yo estaba eufórico, aquello no era mío, pero podía disponer de ello como si lo fuera. La verdad es comiendo me pasé con la cerveza tostada y acabar echando una descomunal siesta en el primer gran diván que pillé. Así todo me desperté justo antes de anochecer, cogí los prismáticos para ir a ese claro del bosque que descubrí por casualidad y poder comprobar mi teoría sobre las vistas celestiales.

Los últimos rayos de sol iluminaban los árboles del sendero, pero mi percepción seguramente por la resaca, me lo mostraba en escala de grises. No le di más importancia al hecho y seguí hacía mi destino.
Casi llegando a mi destino vi la luna en el cielo. Mi visión era algo borrosa por la falta de luz y una monumental resaca que parecía haber vuelto. Quise seguir adelante aunque la noche ya se había hecho presente mientras, unos gruñidos acabados en intimidantes aullidos, me avisaban de la presencia de los caninos vigilantes nocturnos del bosque.

No sé que pasó después, tengo vagos recuerdo, pero todos ellos de auténtica pesadilla. Mis embotados sentidos seguían oyendo aquellos terribles aullidos mientras un olor algo rancio, pero vivo y salvaje como flotando en el aire acabó invadiéndolo. Luego, un silencio como una muda oración, para bendecir un festín.

El mío, notaba mi carne desgarrarse por mordiscos que llegaban hasta los huesos de mis extremidades. El dolor estaba repartido por todo mi cuerpo, pero tan intenso que apagaban mis desesperados gritos. Otra pausa silenciosa, otro respiro para aumentar esta agonía que con todas mis ganas deseaba que ya acabara.

Tendido en el suelo, en el claro secreto del bosque, pude ver una muy hermosa y redondita luna. Mi sueño se cumplió en el último momento.

Oficialmente, así termina la historia.


Ya está amaneciendo y mis heridas han cicatrizado como si nunca hubieran existido. Mis sentidos son más agudos y finos que nunca, salvo la visión que sigo sin distinguir los colores. Ahora sé el secreto de este lugar y el motivo que nadie quisiera apuntarse para este trabajo. Los anteriores guardeses que de día viven ocultos en el bosque me lo han contado. Nadie los menciona ni echa de menos, la ciudad los ha repudiado al olvido. Yo ahora soy uno de ellos y parece ser que el elegido para vengarles las noches de luna llena, a mí la maldición no me afecta igual, y por el día puedo seguir siendo una persona normal, no un perro asilvestrado como ellos. En el próximo plenilunio mi batida no será por el bosque, sino por la villa dando cuenta de aquellos que nos repudiaron. Parece que al final he encontrado un trabajo que me viene al pelo.

NOTA:

Todas las fotos, salvo la del VadeReto, retocadas o no, son mías y paso de pagarme derechos de autor.


8 comentarios sobre “VadeReto (MARZO 2022).-

  1. Como siempre digo, buena es la espera cuando la degustación se esmera.
    ¡Genial, JV! 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
    Además, has hecho un relato ilustrado y con fotitos propias. No quiero ni pensar que las hayas tomado durante tu «investigación» para el relato. Espero que no te hayas encontrado con ninguna musa peluda. 😜😝
    Aunque la cabañita que encabeza la historia no tiene nada que ver con la chocita que yo proponía como inspiración, has sacado buen provecho para ambientarnos tu aventura en ese bosque maldito.
    Una espléndida narración que nos va dosificando, en primera persona, la experiencia «religiosa» de nuestro protagonista. Hasta llegar a ese giro final donde consigue un puesto de funcionario en el bosque, ganándoselo por atrevido y luciendo unos buenos «pelos». 😉😂
    Enhorabuena, amigo. Gracias por tu esfuerzo por participar en el VadeReto y por regalarnos estas historias tan fantásticas.
    Un abrazo espumoso. 🤗😊👍🏼🍻🍻🍻🍻

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    1. Hola, JA. Yo siempre abusando de tu benevolencia con los plazos. En esta ocasión ya hasta sintiendo vergüenza ajena. De ahí que ayer mismo me documentara, in situ, adecuadamente para hoy por la mañana plasmar la historia. Solo una foto corresponde a mi hemeroteca, el resto son más frescas que yo con tus VadeRetos, eso sí algo maquilladas para la historia.
      Bueno, no estoy descontento la misma porque sin enrollarme mucho he puesto una trama bastante amañada con un final dramático y otro apostillado (yo también me replico a mi mismo) más a mi estilo.
      Saludos y 🍻🍻🍻🍻 como para llenar una piscina olímpica. 😂😂🖐🏻

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