La tertulia de las diez: «La novela inacabada» (Final II)


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Aprovechando el título de Una novela inacabada de otra entrada aprovecho para ponerle un final distinto a la historia:

«El título me parecía ahora, puesto a posta, y hasta con mala fe para desesperar a los confiados lectores…»

Final II

La verdad no me había sentado nada bien y, como seguidor incondicional del género de intriga, esta novela negra me había dejado totalmente a oscuras; justo cuando la luz iba a descubrirlo todo. Bueno, porque no, después de tantas historias leídas de detectives yo también podría solucionar este caso. Saqué la botella del whisky de malta para servirme un buen trago aunque solamente le quedara medio chupito y encendí el quemador de aceite; el tabaco ya lo dejé hace tiempo y uso el artilugio este, para crear ambientación, cuando me pongo a pensar o simplemente leo.

Al día siguiente, entre el alcohol y el humo aromático, tenía la cabeza igual que cualquier otro oscuro detective de novela; al menos, ya teníamos algo en común. Hice tiempo hasta las diez y media en la cafetería desayunando, el día estaba de lluvia y sobre esa hora abrían las dos casetas del parque. Caminando por la avenida se veía algún libro enfundado en su bolsa esperando que alguien los tomara; yo hoy no picaría.

En el primer puesto no supieron darme explicación alguna de la novela ni conocimiento siguiera de su existencia. La chica que despachaba, Julia, me conocía al ser yo uno de los clientes habituales; estuvo toda la conversación con una sonrisilla, un poco inquietante, en sus labios. No era una mujer, precisamente, antipática; solo que, sus respuestas solían ser muy breves, y daba corte verla con esa mueca de Joker.

En el segundo kiosco Mati, también, me contestó acerca del libro entre extrañada y divertida. Esta era más extrovertida y paliquera que su compañera pero, a pesar de usar más verborrea, el resultado fue el mismo preguntando acerca de la novela incompleta. Mis pesquisas no estaban dando el resultado esperado, la hora de comer se aproximaba, era mi último día de vacaciones y lunes, me merecía un homenaje y hoy comería en la calle.

El bar restaurante no estaba mal, lo conocía de pasada y, al estar entre calles por detrás de la avenida principal, el precio era ajustado, solo me faltaba probar su menú de 10,50€. Al entrar al pequeño comedor en línea respiré satisfecho, a modo de separación entre las mesas había unas mamparas de tela,que le daban un aspecto mas íntimo y hasta coqueto. No estaba lleno y el camarero, con un gesto de su brazo, me dio a entender que me sentara donde más me apeteciera; y eso, mismo, hice.

La verdad es que la comida era casera y generosa, este sitio ya estaría en mi lista de recomendados. La divertida conversación de la mesa de al lado, separada por la mampara, me amenizó el almuerzo. De hecho me subió la autoestima como detective aficionado. Para el postre, las risas de mis vecinos, ya no eran reprimidas sino bien sonoras. Yo pensé que la mía seria la última y por ello la carcajada más fuerte.

Y, efectivamente, así fue del todo. Al oír el ¿Cómo, qué está ya pagado, quién ha sido, pero qué coño…? No di tiempo al camarero a contestar a esta sucesión de preguntas y me asomé para ver las caras de Julia y Mati. Ellas sorprendidas, y con un leve rubor, me miraban mientras acababan, mentalmente, de atar todos los cabos que les llevó a esa situación.

Pero que bromistas sois, así que yo soy el pasmao del paraguas preguntando por las novelas, que por un error de imprenta, les falta el último cuadernillo. Encima lleváis todo el verano gastándola y se ve que, al final, solo los tímidos somos los que os preguntamos por ella. Bueno, por veros la cara de sorpresa al haber sido pilladas en vuestro juego, tomad la invitación de la comida como un cumplido a vuestra broma de librero. ­­­­—Dije yo, todo de seguido, y casi sin tartamudear ­­­­— Después de esta parrafada también empecé a sentir calor en la cara. Las carcajadas, en esta ocasión, fueron a tres bandas.

El café lo tomamos en una mesa de fuera y allí les conté como sus sonrisillas me dejaron mosca y, siendo rasgo común, supuse que estaban compinchadas. Otro detalle fue que, al marcharme del primer puesto mientras abría el paraguas, de reojo vi a Julia escribiendo un mensaje en su móvil. A Mati le engañe con el título al decir incompleta y ella me corrigió como inacabada, inconscientemente, al responderme. Estaba observando desde un portal como esperando que escampara, cuando cerrabais para ir a comer, y al ver que tomabais el mismo camino os seguí hasta aquí… el resto ya lo sabéis.

A partir de ese día ya eramos algo más que conocidos los tres y, como no, me uní a ellas para seguir gastando la broma de la novela inacabada. Que todavía les quedaban una docena de ejemplares y, lógicamente, no podían venderlos; pero si… De hecho, alguna tarde quedamos por Whatsapp para ponernos al día, de los panolis que iban a preguntar por el libro, tomando un café entre sonoras carcajadas. Por supuesto, como los buenos espías, en los respectivos puestos de trabajo, solo hola y adiós; no vamos a descubrir la tapadera, que ya está la primavera cerca, para volver a dejar otra Novela inacabada sobre algún banco.


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