La tertulia de las diez: “La novela inacabada” (Final IV)


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Aprovechando el título de Una novela inacabada de otra entrada aprovecho para ponerle un final distinto a la historia:

“El título me parecía ahora, puesto a posta, y hasta con mala fe para desesperar a los confiados lectores…”

Final IV

Bueno, bueno, me he quedado sin cenar para ver como acababa esto y resulta que en la impresión falta el último capítulo. Seguro que habrá muchos lectores que se hayan puesto de los nervios, je, je yo conozco a un par de ellos que seguro que hubieran maldecido todo y a todos. La verdad es que el autor fue muy astuto y no dejó ninguna pista clara para poder identificar al o los culpables.

Después del sandwich improvisado y la cervecita, no me iba a ir dormir con el estómago vacío, preparé mi estrategia para el lunes que, precisamente, seria mi último día de vacaciones. Dormí a pierna suelta y la la novela inacabada, precisamente por no tener final, me dio un montón de ideas para poner en practica.

Por la mañana, después de tan buen descanso, empece con los trabajos manuales. La novela de marras, estando tan usada y releída, no me costó mucho con un cúter cortar unas hojas, las del prólogo precisamente, y ponerlas como continuación de la última. De esta manera ya tuvo un final que precisamente era su propia introducción.

La segunda parte del plan era dársela a alguien que pudiera sacar partido a mi fino trabajo. Por la mañana estaba el día bastante desapacible y, como la venganza se sirve fría, deje que secará bien la cola del libro, no había prisa… Por la tarde, un sol de brujas aclaró bastante el cielo, y antes que se cubriera ese claro, cogí la novela dirección al Parque de la Avenida.

La suerte la pintan calva y eso, sin necesidad siquiera, de verme en un espejo. Dela, una compañera de la oficina contigua a la mía desde hace más de veinte años, me saludó cuando por delante suyo pasé. Sentada, ojeando la novela del banco, no andaba muy convencida y casi segura estaba que, esa de Agatha Christie, ya la conocía.

Dela es mucho más lectora que yo y mi gentil ofrecimiento tuvo éxito. Yo me quedaba con Telon la última aventura de Poirot y ella, no sin antes hojearla, aceptó La novela inacabada que yo la ofrecí.

Seguramente el martes; si coincidimos, como muchas otras veces, tomando un café a media mañana en el bar de enfrente de la oficina; vea venir a Dela con cara de enfado y una novela en las manos, a pedirme cuentas de mi travesura literaria.

Bueno, ese día pagaré yo los dos cafés. Además, oírla silabear cuando se cabrea, resulta tan cómico que, hasta ella, se acaba riendo. Adela La Sisi, también es bromista y le gusta poner motes a todos; Desde hace ya cuatro lustros, yo soy El Percebe, gracias a su socarrón ingenio.


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