CONCURSO DE RELATOS XXX Ed. DESAYUNO EN TIFFANY’S de TRUMAN CAPOTE RELATOS FUERA DE CONCURSO (Del 16 al 26 de febrero)


La joya de mi desván

Volver a casa después de largo período de tiempo te hace sentir como un extraño, al no reconocer casi nada aquellos lejanos recuerdos de tu infancia. Pero regresar a tus orígenes, ahora que cualquier atadura familiar descansa en cementerios o con sus cenizas a los cuatro vientos, es un reencuentro con ese pasado que fue truncado.

Mis ahorros no eran una fortuna, pero si me darían para algo arregladito en esta ciudad de provincias. Recorrí todas las inmobiliarias, si bien lo que me ofrecían dentro de mi presupuesto no estaba mal, me resultaba igual de frío que mi piso de la capital. En mi objetivo, la zona del paseo marítimo, aparte de no haber viviendas disponibles, su precio por metro cuadrado era como de cráter lunar.

La mayoría de estas construcciones ya centenarias, por supuesto, estaban rehabilitadas con todo gusto de detalles. Pero la suerte, que sin descanso se busca, finalmente se encuentra; y en mitad de la avenida surgió una buhardilla de unos quince metros cuadrados. Con semejante amplitud estaba claro que no era una vivienda familiar y yo, en mi actual situación, tampoco perdería mucho por ir a verla.

Al menos, en el hueco de la escalera habían puesto un ascensor, y solo tuve que subir un tramo de escaleras hasta la mansarda. La agente inmobiliaria no estaba convencida de mi interés y casi con desgana se digno a enseñármela; era la única vendedora de su pequeña agencia, la crisis había sido un terremoto demoledor en el sector.

Ante mi una estancia rectangular con una pared lateral totalmente agaterada, un camastro con un gran baúl a sus pies, y curiosamente un escritorio clásico a continuación. Al otro lado un pequeño recuadro con un fino tabique y una cortinilla, a modo de puerta, para un aseo, una estantería de madera y al fondo una mini cocina americana. Completaban el ajuar una mesa pequeña con una silla y una balda con un gran aparato de radio antiguo.

La única decoración era un detallado pero antiguo mapamundi colgado de la pared principal, y una ventana redonda a modo de ojo de buey en sustitución del ventanuco original de la cocina. La luz principal de la estancia era a través de un velux que incluso tenía una cortinilla. La agente, algo más animada al ver que yo no me había espantado como los anteriores visitantes, me digo que por el ojo de buey se veía la bahía. Como un niño desafiado, yo rápidamente fui a comprobarlo, era cierto; y sin dudarlo firme los papeles.

Yo ya tenía mi desván con vistas al mar y, aunque en tierra firme, mi hogar era igual que un camarote. No tardé en averiguar que, efectivamente, su anterior propietario fue un viejo marino, igual hasta capitán de barco por lo educado, pero muy reservado y de acento extranjero. Solo tuve que añadir un armario modular con perchas y un par de cajones, una mesita para al lado de la cama, y un taburete de madera; en el sentado me pasaba las horas contemplando mi añorado mar.

Con el arreglo y limpieza de mi camarote no tenía mayor problema; en media hora lo dejaba, después del desayuno, listo para revista. Me sorprendía que este viejo lobo de mar tuviera un escritorio de esos de tapa y cerradura como mobiliario, pero si fue oficial seguramente tendría la costumbre de escribir. El estado del mueble pedía una buena mano de barniz y un saneo, con engrase, de herrajes y bisagras.

Me puse manos a la obra en mi labor de bricolaje y, gracias a los videos de Internet, no tuve mayor problema siguiendo paso a paso sus indicaciones. Aunque los numerosos cajones de madera del escritorio estaban todos vacíos me daba la sensación de que eran más pesados de lo que debieran. Entre los enseres del desván estaba claro que la ropa, objetos personales, o cualquier papel del viejo, no los iban a dejar en la vivienda; la aparatosa radio, el gran mapa, o los rancios libros, se podría considerar atrezo.

Intrigado por el detalle, y que se daba más en los cajones pequeños, decidí usar la tecnología antes que intentar destripar uno de ellos. El detector magnético del móvil confirmó mi sospecha, los cajoncitos ocultaban algo metálico. Ahora sí que, con ayuda de un cúter, intenté desvelar el posible doble fondo de uno de ellos. Como quien tiene la certeza, de que va a desvelar un misterio, me arme de calma y paciencia en mi operación.

Finalmente, una fina lámina de madera dejó al descubierto más de lo que yo podía imaginar. A lo largo de la base había dispuestas unas monedas, que sin ser muy voluminosas, estaban en perfecto estado y de oro. Mi asombro fue mayor de lo esperado, pero antes de seguir con el resto de compartimentos tome notas de la ubicación en el escritorio, la fecha de acuñación y procedencia de las monedas.

En todos los los cajones encontré monedas para clasificar. Cuando acabé con mi recolección me di cuenta de otro detalle si cabe más raro; algunos de los cajones eran como un centímetro más cortos. Esta vez con la ayuda de una linterna, en el hueco de los sospechosos, vi un disimulado cierre al final de las guías. Cuando acerté a desbloquear esos pestillos de la tapa caía una bolsita con diminutos, pero seguramente muy valiosos, diamantes. Mi buhardilla, definitivamente, era una autentica joya.



Secuelas y continuación de la historia:

La joya de mi desván II

21 comentarios sobre “CONCURSO DE RELATOS XXX Ed. DESAYUNO EN TIFFANY’S de TRUMAN CAPOTE RELATOS FUERA DE CONCURSO (Del 16 al 26 de febrero)

  1. Tu estupendo relato, JM, pide a gritos una continuación. Nos has puesto la miel en los labios con las joyas del “secretaire” , relatado con ingenio y ritmo pausado, con palabras que desconocía, como «mansarda» y “velux” y …dan muchas ganas de saber algo más sobre la vida el marino mnercante que llegó a esconder un “joyerío” teniendo la posibilidad de vivir de mejor modo. Has empleado una gran parte en el inicio de la historia (situación personal, búsqueda de vivienda…), muy bien escrito y con un ritmo que me encanta. Me ha parecido el germen de lo que podría llegar a ser un relato de recorrido largo, algún conflicto, alguna subhistoria que hasta podría ser más interesante que la personal del sujeto narrador. Por lo pronto nos has ofrecido una pequeña joya, muy pero que muy bien escrita, que, repito, está reclamando un seguirá…
    No dejes de avisar si te decides, me encantaría seguir leyendo las aventuras del lobo de mar.

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    1. Hola, Isabel. Me has dado donde más me duele en el buen sentido, anduve apurado para presentar este relato fuera de concurso y sé bien que deje la puerta abierta al algo más. Tengo que buscar una trama que mantenga el interés y no sea solo un pegote, ya que tenía varias ideas al respecto pero no del todo atadas.
      Me alegro de que te haya gustado y viendo tu comentario tendré que hacer un esfuerzo para qué la aventura continúe en algún rumbo ya sea con calma chicha o en medio de una marejada.
      Cuando tenga la continuación ya haré llegar la luz del faro avisando de ello. Gracias, Tara, por pasar y comentar. ⚓🖐🏼

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  2. Si algo me complace, son los relatos cuya base argumental son los bucaneros y toda la aventura que supone ser un proscrito allende los mares. De hecho, el mar me atrae fuera de temporadas turísticas, en tanto en cuanto peor tiempo hace y consigue que rememore mil y una andanzas de anónimos capitanes que disgregaban su botín escondido en lugares que requerían un protagonista como el de tu cuento, que por curioso y amante de charadas y enigmas y situaciones anómalas, consigue ser premiado. Tu narración es apetecible, sume en el ensueño de ser uno mismo quien se vea de tal guisa. No te imaginas cuantísimo me gustó esta fabulación corsario tuya.
    ¡Largad Todo El Trapo , Marineros!

    Post Scriptum : ¡Por hoy tan solo, dejo mi título nobiliario habitual de «El Portoventolero» y me despido de este virtuoso texto como…..
    * J u a n E l R a q u e r o * ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ S í i i i ! ! ! ! ! ! ! ⚓

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    1. Hola, Juan. Yo también creo que el Mar es algo tan necesario como evocador para quienes somos de costa. Y en calma o embravecido es siempre un espectáculo tenerlo delante.
      La época no es la clásica de piratas ni la odisea de Master and Commmander, pero espero que si la imaginación me sopla en buena dirección dar a esta historia continuación.
      Tu título de Raquero me parece de lo más acertado y creo que está, cuando menos, al nivel del Capitán Sparrow. Saludos y gracias por tu comentario. ⚓🖐🏼

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  3. Piratas, corsarios, filibusteros, o tal vez sólo un marino que al subir las redes encontró algo más que unos peces. ¡¡Queremos más!!
    Siempre me han gustado las buhardillas y esta promete tener vida propia. Queremos saber de tu vida pasada para desear escaparte y volver a tus orígenes, queremos que nos cuentes más de tu ciudad de provincias junto al mar, de los vecinos del viejo lobo de mar ¿Qué emisora estaba sintonizada en la vieja radio? ¿Había marcas en el mapamundi? Porfa… sigue contando, JM.

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    1. Hola, Marlen. Me siento muy agradecido por el comentario y tengo unas cuantas ideas que debo entrelazar bien para que si puedo continuar la historia y no decaiga en algo deslabazado.
      Gracias por el comentario, si consigo dar continuación a la historia, como es mi intención, lo haré. ⚓🖐🏼

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  4. Todo un pirata con su propio tesoro escondido, sin mapa pero con el mismo modus operandi, con igual desarrollo de descubrimiento. Debo confesar que el comienzo me resultó algo largo y no veía hacía dónde se dirigía pero cuando me descubriste el desván en forma de camarote, ahí me ganaste.
    Un saludo, JM.

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    1. Hola, MJ. Es el comienzo de una historia a la que me gustaría darle continuidad. Puse objetos que pueden ser clave como el mapamundi y la radio, aparte del escritorio que fue el primero en descubrir su secreto.
      Tienes razón en cuanto al desarrollo inicial en que casi me como las 900 palabras, pero necesitaba cimentar el relato si tenía intención de que hubiera más entregas. Por la ubicación y el tamaño de la buhardilla me pareció buena idea lo de asemejarlo a un camarote con ojo de buey y todo.
      Me alegro de que a pesar del rollo inicial te haya acabado gustando. Un saludo y gracias de nuevo por comentar.

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  5. Faltaba un cuento de piratas en esta convocatoria, y aunque se desarrolla en tierra y en una buhardilla, perfectamente descrita y ambientada, no falta el típico tesoro que en vez de esconderse en una isla desierta está en la casa de un antiguo marinero. A saber lo que ocultan los edificios antiguos. Un abrazo, JM.

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  6. Aunque con retraso, ya me he paseado también por esta buhardilla, llena de misterios y secretos. La describes tan bien que es fácil imaginarse sus recovecos y sentirse como un Jim Hawkins ávido de tesoros.
    Esta vez la intriga y la impaciencia me va a durar poco, porque ya tienes publicada la segunda parte a la que acudo raudo y veloz para empaparme de esta genial aventura.
    Felicidades,
    Te dejo una caja de cervezas y te sigo en la siguiente.
    Un abrazo. 🍻🍻🍻🍻🍻🍻

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  7. Hola, JM. Me ha encantado el relato.
    Lo que más : Como encerrados dentro de un sitio tan pequeño has conseguido que nuestra imaginación vuele como si fuésemos piratas y estuviésemos a mar abierto.
    Ese escritorio antiguo , el mapa, el oro y los diamantes con su búsqueda de por medio ha sido toda una aventura. Y todo dentro de una habitacion…me ha flipado el enfoque, compañero.

    Un abrazo.

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    1. Hola, Pedro. Me alegro de que te haya gustado, la cosa quedó bastante abierta y he continuado la historia lanzando la segunda parte. Y ahora estoy con la tercera esperando salir airoso de la misma en vez de fondeado junto al ancla. Gracias por pasar y comentar. ⚓🖐🏼

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