VadeReto (JULIO 2022).- «Mensajes en la arena mojada»


Julio 2022

Mensajes en la arena mojada

Los mensajes en las botellas ahora se llaman blogs personales (JM Vanjav)



Diez frases para ir abriendo boca:

  • No hay mayor náufrago que una persona sin imaginación.
  • En la sociedad actual de consumo y apariencia las personas somos como islas desiertas de ese archipiélago llamado población.
  • Los naufragios emocionales son pruebas de selección natural donde podemos escoger; hundirnos con el barco o nadar hasta la orilla.
  • Las islas desiertas son como sanatorios para nuestra propia identidad.
  • Sobrevivir a un naufragio es un doctorado vital.
  • El fracaso de las parejas está en desear encontrar la media naranja sin querer compartir nuestra isla desierta.
  • La experiencia de un naufragio es el mejor libro de instrucciones para la vida.
  • Los naufragios, ante todo, para bien o para mal, son segundas oportunidades.
  • La vida es como el juego de la oca donde, los naufragios de la misma, sustituyen al ave.
  • No necesitamos volver a naufragar para acabar en una isla desierta, los recuerdos nostálgicos nos llevarán al momento.


Primera parte: Un viaje hasta el infinito y más allá


Segunda parte: Mensajes en la arena mojada

I. Louis

Louis y yo, vecinos de toda la vida, pero que ni de vista se habían conocido, empezamos recuperamos de esos años de desencuentros alternando a la misma hora y, por supuesto, yendo al cine cada semana. En el resto de actividades cada uno seguía con lo suyo, compartir solo cuando ambas partes están a favor es la mejor manera de consolidar una relación de amistad; y hasta yo diría que de cualquier otro tipo.

Los meses, con esa dinámica de independencia y tiempo compartido, fueron pasando. Ya en primavera, entre los cafés de los martes antes de la sesión de cine de las seis, Louis y yo empezamos a comentar lo de repetir unas vacaciones como las del año anterior. El tema no cayó en saco roto y fijamos un día para acercarnos a nuestra agencia de viajes favorita Nueva Aventura.

Estando el local tan próximo, en un callejón de paso, de nuestros domicilios a ninguno se nos ocurrió volver a fijarnos en aquella especial agencia turística. El caso es que cuando nos personamos, los rótulos de una inmobiliaria con el teléfono de contacto nos dejó fríos como cuando despiertas de un sueño justo antes de conseguir lo que en el mismo ansiabas.

Mi amigo, al que nunca le pregunté a qué se dedicaba, debía de ser todo un hacker informático. Yo por más que busqué en Internet sobre aquella misteriosa agencia de viajes no fui capaz de encontrar nada de nada. Louis, el martes siguiente de cine me trajo una carpeta, como un dosier, con la información completa de la misa.

De donde sacó mi amigo todas aquellas notas y hasta fotografías no le quise ni preguntar, no fuera un agente secreto y después de revelarme por amistad la fuente como norma de seguridad tuviera, a continuación, que eliminarme. Ese pensamiento me hizo esbozar una cómplice sonrisa conmigo viendo la cara de póquer de Louis al enseñarme aquella rebosante carpeta.


II. Fina y Rufino

Aquella semana me recluí en la isla desierta de mi casa leyendo la sabrosa información, casi secreta, de la agencia de viajes Nueva Aventura. No faltaban las fotos de los dos agentes locales —la exuberante Fina y el anodino Rufino— de la misma en el dosier. Por lo visto pertenecían a una agencia privada con sospechosos vínculos a otras gubernamentales más conocidas por sus siglas.

Los dos dependientes de la agencia ahora estaban buscados por la INTERPOL para declarar sobre sus ocultas actividades dentro de Nueva Aventura. A ella la reclutaron por su doctorado en psicología y normas de comportamiento, a Rufino lo ficharon en un concesionario siendo vendedor de coches. La pareja combinaba de maravilla, ella a nivel académico y él en completamente práctico repartiéndose la clientela.

El caso es que todos los que pasábamos unos criterios establecidos aceptaríamos el viaje propuesto, aunque el precio del mismo fuera regalado como el de Louis o el mío. Lo importante era la información que se recabaría del mismo, sobre todo como actuaríamos en aquellas controladas y vigiladas situaciones extremas. Vamos, que los clientes de aquella agencia éramos inconscientes conejillos de indias para sus fines.

Aquello, al final, les reportaba un beneficio exagerado porque hasta pagando indemnizaciones a los clientes insatisfechos las famosas agencias de información de tres siglas pagaban mucho más por tan detalladas bases de datos en cuanto a nuestro comportamiento para alimentar los algoritmos de conducta de sus flamantes ordenadores cuánticos.

Varias denuncias de diversas oficinas de Nueva Aventura establecieron un patrón que destapó la posible trama. La confirmación de la misma fue la desaparición y desmantelación de todas las agencias de viaje en menos de un mes desde que la policía internacional empezó con sus pesquisas.


III. Yo vuelvo a naufragar

El mismo martes siguiente, a mediodía, recibí el mensaje de Louis. Tenía que marcharse por trabajo inmediatamente y no podríamos volver a quedar en una buena temporada. Ante mi respuesta automática de que le fuera bien y todo eso, aunque por dentro estuviera de lo más contrariado, recibí un segundo mensaje diciéndome textualmente:

Espero que te haya gustado el informe. Haz el favor por tu seguridad de, una vez leído, destruirlo.

Esta posdata me dejó intrigado y siguiendo aquel tono de misterio le respondí que sin problema. Al poco el móvil me devolvió la notificación de que no se podía entregar el SMS el teléfono de destino estaba dado de baja o era inexistente. Ahora sí que me quedé intrigado, Louis y yo debíamos ser ahora los únicos que preferían usar los mensajes cortos a la mensajería instantánea; bueno, igual, los espías también.

En cosa de minutos pasé de estar casi eufórico, por la amena conversación de esa tarde de cine, a haberme quedado sin la charla ni aquel afín amigo en únicamente dos SMS. Por supuesto, del cine también pasé, la película era un drama y, con mi estado de ánimo actual, no necesita más.

Se me avecinaba un verano bastante insufrible después de este inesperado naufragio. Cualquiera podría decirme que no era para tanto, pero son las cosas pequeñas las que más nos pueden desequilibrar la balanza de los deseos y las ganas de hacer cosas. Unos tristes y menudos granos de arena nos pueden echar a perder el sandwich más exquisito.


IV. La isla desierta

El verano ya estaba asomando radiante cada mañana y yo seguía quieto casi inerte en mi frustración. No siendo creyente estaba claro que tampoco creía en los milagros y pasar toda la temporada estival invernando sería antinatural hasta para mí. Si un plan no funciona siempre se puede improvisar. Antes de que Louis, literalmente, desapareciera, ya sabía también que no encontraría el chollo de viaje del año pasado; así que lamentándome tampoco llegaría a ninguna parte.

Al final decidí nadar hacia la orilla y buscaría mi isla desierta sin salir de la ciudad. Tenía varias opciones y las iría usando según el momento más propicio. Así, los días que más madrugaba empecé a pasear por la orilla de la playa, buscaba llegar justo cuando los vehículos de limpieza la abandonaban. Este trasiego coincidía con el amanecer y me divertía escribiendo cortos mensajes, por supuesto, impersonales en la arena mojada:

El mar y la arena tienen un romance que el sol con envidia cada día contempla.

Las olas mecen con su susurro a las almas madrugadoras.

El mar es un horizonte que nunca te cansas de contemplar.

Mis pasos por tu orilla hoy son huellas en la arena, mañana solo recuerdos.

Nuestras frustraciones se deben escribir en esta arena mojada para que la marea las borre.

Al cabo de unos días, la pocas personas que paseaban a esas primeras horas compartiendo conmigo esta playa desierta, empezaron a saludarme. Sin un compromiso u obligación de nada, les gustaba pararse a leer en alto aquello que yo escribía en la arena mojada. Era como mi pensamiento del día que al cabo de unas horas el mar guardaría en secreto.

Cuando me sentía remolón y, por la hora, la playa ya estaba conquistada de toallas y sombrillas optaba por el paseo costero por las rocas. El camino era duro y algo peligroso para hacerse con prisa, pero yo ni la tenía ni hacía tiempo permitía que me la metieran. La brisa marina y el ejercicio me obligó a llevar una mochila con víveres, así que mi excursión acaba almorzando frente al mar. Aquí sí estaba yo solo en mi isla de únicamente de roca, pero tan a gusto que necesité compartirlo con fotos.

Este verano he descubierto que puedo naufragar y nadar hasta una isla desierta sin viajar más allá de mi propia ciudad. Por las mañanas he podido compartir mis pensamientos con gente que sin conocerme no me han tachado ni de loco o ridículo. Ahora solemos quedar los martes para hablar, y no de banalidades, e intercambiar frases que nos hagan pensar o traer recuerdos. Lo del cine seguro que en el otoño también caerá.

También he saciado mis ganas de aventura por la costa —saltando con mucho cuidado y despacito de roca en roca— como un Robinson urbano y comedido. Esto me ha venido bien para tomar el incomparable aire de la brisa marina al tiempo que hacía ejercicio. Y lo de comer placidamente junto al mar, a veces tranquilo y otras de lo más inquieto, tampoco tiene precio. Finalmente, he conseguido tener mi isla desierta o bien acompañada, libre y sin ser un espécimen de estudio espiado.


Siempre podrás volar lejos mientras no le pongas trabas a tu imaginación

21 comentarios sobre “VadeReto (JULIO 2022).- «Mensajes en la arena mojada»

  1. Hola JM. Te diré que ya la primera parte me había gustado mucho. La idea de que el simple hecho de no leer la letra pequeña del contrato, el estar preparado para disfrutar del viaje sin preocuparse por nada, convirtiera su viaje en una verdadera aventura, reaccionando a cada obstáculo con la simplicidad de un niño, aceptando lo que le pasa, inventando soluciones, sin tontas preocupaciones, lo convierten en el espécimen perfecto para ser náufrago. «Esos diez días habían tenido más contenido que el resto de nuestra sosa existencia.» le comenta a Louis. Y encima, descubre otro espécimen con el que tiene mucho en común y que, además, vive cerca: ¡el amigo que le hacía falta!
    Pensar que perder a su amigo lo va a amilanar… ¡Menuda tontería! Atesora recuerdos, experiencias y sigue adelante.
    La segunda parte nos relata la capacidad que tiene el protagonista para resolver cualquier naufragio. Sus mensajes en la arena son muy tiernos y le conducen a nuevos amigos. Los paseos por las rocas le hacen descubrir la brisa marina, el placer por la fotografía y por el riesgo. Otro mundo por explorar. Este Robinson urbano no tiene límites y nos deja soñando con nuevas aventuras.
    ¿Os dais cuenta que aún no hemos leído el epílogo? No hace falta. Cada uno soñaremos con nuevas aventuras de nuestro náufrago y lo imaginaremos en mil situaciones y en mil sitios, dentro de su isla.

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    1. Hola, Marlen. Puse el enlace al relato anterior porque yo también me olvidado de todo el detalle de la historia.
      Me alegro de que te haya gustado la historia y se que no es retórica por tu parte por la descripción detallada que haces, es un resumen perfecto de toda la trama y te lo agradezco.
      Has captado el espíritu del relato y ese es el mejor reconocimiento que se puede esperar en un escrito.
      Como bien dices, en esta ocasión, el epílogo lo ponemos nosotros paseando por nuestra particular isla.
      Saludos y gracias por pasar y comentar tan de agradecer. 🖐🏻

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  2. Amigo mío, contigo se echa una tarde divina viajando sin moverse del sillón, disfrutando de paisajes idílicos y saboreando sensaciones de libertad y contemplación de la naturaleza.
    Como buen desmemoriado que soy, no recordaba el relato anterior, así que me lo he papeado también. Luego, al irlo leyendo se han ido aclarando mis neuronas temporales, pero lo he vuelto a disfrutar como aquel primer día. Los buenos relatos merecen su relectura.
    En cuanto a este «epílogo» (ignoro si es el que tenías en mente al final del anterior) nos haces abrir los ojos para disfrutar de placeres maravillosos sin tener que coger un avión y desplazarnos al confín del mundo. Yo también tengo la posibilidad de andar por mi playita y sus rocas y siempre encuentro sensaciones nuevas, sobre todo, cuando la ausencia de turistas me permite saborear esa soledad buscada.
    Nuestras islas desiertas están en la imaginación, efectivamente, pero hay que dejarse embelesar por ellas. La misma ciudad, la playa, el campo, un castillo en ruinas o un museo pueden ser un destino maravilloso para nuestras mentes náufragas. Solo tenemos que saber disfrutarlos.
    Muchísimas gracias, JM, por estos relatos, por la aventura y por la sensación que dejan después de leerlos. La sonrisa en mi cara indica que, aunque te zampes todos los bocaditos de jamón y las cervezas, tu sitio de CuentaCuentos en la terracita lo tienes reservado para todo el verano (luego ya vendrá el rincón junto a la chimenea). En mi ocurrente imaginación, estos relatos no se leen, nos los contáis mientras estamos reunidos escuchándoos embelesados. 😜
    ¡Algún día! 👍🏼👌🏼
    Un abrazo rebosante de espuma 🤗😊🍺🍺🍺🍺🍻🍻🍻🍻

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    1. Veo, JA. Que tú, igual que Marlen, habéis captado la idea mejor de lo que podría yo esperar.
      El caso es que al ver la temática del mes se me iluminó la neurona y recuperé al náufrago del año pasado para tener una secuela y cerrar alguna trama abierta que, si bien ya tenía pensada, no suficientemente definida.
      Me ha servido para quitarme una piedra de la mochila bloguera y no lo podía dejar pasar o igual se me despistaba de nuevo.
      El cambio de rutina me vendrá bien para los apuros habituales que tengo cada fin de mes.
      El caso es que todos, si la buscamos, encontraremos nuestra isla desierta para no agobiarnos en verano.
      Saludos y 🍻🍻🍻🍻

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  3. A propósito, que me enrollo, me enrollo y se me van olvidando detalles. Las frases filosóficas, poéticas o como quieras calificarlas son MARAVILLOSAS.
    Ya por ellas solas te toca el trozo más grande del postre. 😜
    Con coñac o Vodka como prefieras. 😅👍🏼🍷🍹🧉🍸

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    1. Hola, Nuria. Pues me alegro de que así haya sido. El año pasado cuando hice la primera parte se me fue de la mano alargándose más de la cuenta. En esta continuación, más contenida, creo que está la justa medida.
      Gracias por pasar y comentar. Saludos.

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  4. ¡Hola, JM! Esta misma segunda parte tiene dos partes. Esa isla, Nueva Aventura, me parece un concepto brillante: unas vacaciones gratis organizadas por una empresa que obtiene el beneficio vendiendo los datos que sirvan a los algoritmos de las multinacionales. Jo, tiene muchísimo potencial.
    La segunda, ese descubrir tu entorno, nos hace ver que en realidad no somos nuestros viajes, somos nosotros. Y los grandes cambios no se encuentran a cientos de kilómetros, basta un simple cambio de actitud o hasta cambiar la acera acostumbrada por otro itinerario. Un fuerte abrazo y te deseo un verano fantástico, JM!

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    1. Hola, David. Tenía pendiente cerrar esa primera parte y esta me ha venido al pelo. Lo de encontrar tu isla desierta (paradisiaca) sin tener que viajar lejos ni sufrir el típico naufragio me parece que, con un poco de imaginación, todos podemos encontrar a la vuelta de la esquina.
      Gracias por tu acertado análisis de la historia y esos buenos deseos que, por su puesto, son recíprocos. Tengo por ahí mucho material pendiente de liquidar como los cadáveres del ascensor y otras historias que espero zanjar a la sombra del estío.
      Saludos 🍻🖐🏼

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  5. ¡Hola, JM! Poco puedo decirte ya que no haya leído en los anteriores comentarios. Mientras escuchaba la música que nos has propuesto he ido leyendo vuestras conversaciones. Coincido en que las frases son fantásticas. las que escribe tu personaje sobre la arena, y las que nos dejas al principio «para ir abriendo boca».
    Me he ido al relato de septiembre, que no lo recordaba. Y la verdad, le has dado un final impensable. Me has hecho pensar con el trasfonso de tu historia. Naufragar, la isla desierta… ¡Significados diderentes, para las mismas palabras! Un placer leerte, como siempre.
    Saludos

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    1. Hola, Rosa. Me alegro de que te haya gustado esta historia. Y sí, superar una situación difícil, merece cuando menos un máster. La determinación y la capacidad de sufrimiento definen nuestro carácter yendo de la mano.
      Gracias por pasar y comentar. Saludos.

      Le gusta a 1 persona

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