Re. Delito platónico by Agnodice


Epílogo del thriller Delito platónico by Agnodice en su blog Flor de Letras Sin querer yo cerrar, ni mucho menos su historia, solo le pongo el epílogo que, me vino a la imaginación, tras su lectura.


Epílogo

Ciertamente que había alguna mujer implicada, la sencilla mujer mayor de aspecto recatado, presente en el juicio de sus hijos era la matriarca del clan y, bajo su aspecto de afligida madre, también el cerebro de todo el plan. Nadie pensaría que esa amable viejecita tuviera tan alto coeficiente intelectual; solo superado por su experiencia en toda una vida.

Tampoco relacionaron el crimen con Agnes, la pelirroja escocesa que ejercía de ama de llaves. Mujer de mediana edad, que ocultaba su atractivo detrás de una precisa e intachable eficiencia, enmarcada por el hielo de su carácter. Sobrina carnal de la matriarca, nacida y criada en Edimburgo, su padre la enseñó bien el oficio; y no había, cerradura o caja fuerte, que se resistiera a su fino tacto.

Y por último, la chica del perro, una joven y guapa irlandesa contratada para ser vista y desviar la atención tanto de los policías como de su investigación. Lo único que podía podía relacionarla con los hechos es que era una estudiante, eso sí de Irlanda, que se sacaba unas libras paseando perros y poniendo nervioso a más de un reprimido ricachón.

Después de unas negociaciones, con el fiscal y el propietario, para evitar un mayor escándalo, cuyo daño colateral podría suponer una OPA en alguno de los negocios del coleccionista, la condena no paso de dos años de cárcel para los acusados. Incluso la aseguradora de los cuadros, por su patente deficiente póliza de seguridad, se hizo cargo de la defensa y las costas del juicio, a cambio de su completa devolución de todas la obras.

El robo de las obras de arte, y su posterior paseo triunfal en los coches a toda velocidad, solo fue la parte visible y llamativa del audaz crimen que sirvió para desviar, por completo, la atención del motivo real del mismo. Al fin las tierras, que varios siglos atrás les fueron arrebatadas a este clan irlandés, por los avariciosos antepasados británicos de Lord Hourdy, volvieron a su propiedad. De esas escrituras, sustraídas de la caja fuerte durante el robo, ninguna de las partes, hizo comentario alguno, pero en todas las tabernas, irlandesas y escocesas, se hizo un brindis en su honor.

Por su parte, Jack y Audrey, sin tener ninguna ascendencia gaélica, chocaron sus pintas cuando, a un viejo irlandés, se le escapó el brindis delante de ellos. Y se rieron, a carcajada limpia, al darse cuenta como aquella afligida madre, les había tomado el pelo; a todos, ellos incluidos, los dos inspectores más listos de Yard.


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