Micro XXVII


Dos detonaciones secas, casi simultaneas, pusieron las cosas en su sitio. No fue por venganza, ni fría o caliente, tampoco el rencor tuvo nada que ver. La cosa tenia que acabar así porque de otro modo se volvería a repetir.

Los dos jóvenes, vieron en mitad de esa oscura noche, dos seguidos fogonazos y a continuación un enorme estruendo doblado por un segundo disparo. Paralizados por tan inesperado sobresalto, durante un instante su corazón dejó de latir.

Agachados y sin hacer ruido, corrían, tan rápido como podían, hasta la tapia; que tan lejana ahora les parecía. Al otro lado estaba su salvación lejos del viejo loco que casi les mató de miedo, con sus cartuchos de sal, por solo robarles unas peras.

El viejo huraño cambió la vieja escopeta por una cerveza de la nevera. En esa oscura noche, sus carcajadas se dejaron oír, hacía mucho que no ponía sal a los cartuchos. Los chicos de ahora, con el ruido, ya tienen bastante para salir despavoridos, y no volver a robarle sus sabrosas peras. Ja, ja, ja…


9 respuestas para “Micro XXVII”

    1. No hay problema Ivonne, puedes pasar cuando quieras, este blog siempre tiene la puerta abierta y tú, además, te estás haciendo su comentarista oficial.
      Volviendo a la historia, para los críos era un desafío y para el viejo entretenimiento; así que al final todos contentos. Ellos contando la aventura y el gruñón recordando otros tiempos para no olvidarlos.
      Saludos Ivonne 🥂🖐️

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