Yo siempre había creido que mi falta de memoria para las cosas era un síntoma de mi distración. A veces, por ser demasiado despistado; las otras, por comodidad, y no tenerlo apuntado.
Todo eso cambió, cuando en un documental de TV explicaban la famosa Teoria de la Relatividad y la posibilidad que había de alterar el espacio tiempo, yo vi la luz. No me enteré de nada más, y la idea me estuvo dando vueltas en la cabeza, hasta que lo relacione con mi problema de olvidar las cosas.
Es cierto, desde entonces, soy consciente que mi memoria no es de este mundo como el resto de mi ser. Yo, por vivir en La Tierra, me rijo por el espacio-tiempo del planeta, mientras que mi pensamiento, y por ende mi memoria, hacen saltos temporales hasta el infinito y más allá.
Yo no olvido las cosas, ellas viajan fuera de las leyes físicas y, en su regreso, la realidad ya ha cambiado; pueden ser dos horas o dos semanas después (al pasado todavía no he aprendido a viajar), según sea aquello que no me apetezca hacer.
Así, cuando se trata de una aburrida reunión, aparezco en el punto de ruegos y preguntas. Con la cita del dietista, para recoger el regimen quincenal, siempre me pilla la semana que no me toca ir y vuelta a empezar.
Ahora que me han apuntado los martes a un psicólogo, ignoro el motivo, no se porque me da que los miércoles o los jueves, sea cuando me regrese la memoria de sus viajes en el tiempo.
El recuerdo, ese viajero que a veces acaba en espacios recónditos donde las otras personas no lo van a buscar. Luego le ponen la etiqueta de enfermedad, cuando en el fondo queremos decir molestia. Saludos.
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Si, por eso mismo, no acepto que me digan lo que puedo, o incluso, lo que tengo que pensar. Los recuerdos son los pensamientos más viajeros 😀
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Me encanta tu reflexión
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Muchas gracias, con la imaginación libre, tenemos más percepción de todo, aunque vuelva a destiempo 🙂
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