A pesar de la sensación de frío y de esa humedad que parece no secar nunca, un día lluvioso es descanso para para la mente y un lavado de Alma. En la estresante rutina diaria hace falta un parón, por fuerza mayor, como ese día que diluvia y nos inunda todas la previsiones.

Ese día que nos enfria el cuerpo y nos incomoda la realización de cualquier actividad, desde que empezamos a oír el tintineo de la lluvia en en los tejados vecinos y en los propios cristales.

Con esa sensación, de que no vamos a llegar a entrar en calor en toda la jornada, comenzamos la andadura habitual, emplazándonos hasta el ansiado regreso a casa.

Nos permitimos, ya de camino a nuestro hogar, mojarnos mas de la cuenta para poder llegar antes; con ese agua de lluvia, que creemos sentir hasta en los huesos, que deseamos nos llegue el Alma también. Testimonial penitencia, de frío y humedad, para nuestra invisible y sufrida compañera.

Ya, en casa reconfortados, con ropa seca y una taza de café calentádonos las manos, disfrutamos de ese momento de aromática paz, mucho más que cualquier otro día por bonito y soleado que hubiese sido.

4 comentarios sobre “Los días de lluvia tienen su importancia

  1. Una de mis cosas favoritas, la lluvia, la gente siempre me critica porque sonrío mientras la veo caer, pero es que a mi me da una tranquilidad inexplicable. Más allá de la corredera que me representa tener que llegar a casa, y del posible resfriado que podría pescar por llegar mojada hasta las rodillas, después de un baño y con una taza de café, volver a la calma y continuar mirándola me hace sentir deseos de escribir, de cantar, de dejar ir. De tantas cosas que me transmite el solo escuchar el golpeteo en la ventana.

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